Reinaba Alfonso XIII cuando Eduardo Navarro Lozano nació el 5 de enero de 1921 en Bienservida, una localidad de la provincia de Albacete. Podría decirse que vino a este mundo con el roscón bajo el brazo, porque esta tradición es mucho más antigua.
Séptimo de una familia de nueve hermanos donde la agricultura era el motor económico del pueblo. La educación fue uno de los lujos de los que disfrutó Eduardo, y es que al ser sus padres los propietarios de las tierras sus hijos pudieron asistir a la escuela, destacando en letras y más concretamente en el género poético. Pero vinieron los problemas de salud, y con menos de 10 años padeció un tumor en la rodilla, y aunque desapareció nunca llegó a recuperar la movilidad.
Y entonces llegó la Guerra Civil. Por aquel entonces contaba con 15 años. Como para muchos, su vida se detuvo. Vio cómo su padre fue apresado y sus hermanos Valentín y Paco fueron reclutados, mientras ellos se refugiaron en el cortijo porque les fue expropiada su casa. Afortunadamente, ninguno de los miembros de su familia perecieron en la batalla y pudieron regresar al pueblo.
Terminada la guerra. Con 26 años. Eduardo realizó un curso de corte y confección a distancia con Barcelona. Sí, en los años 40 ya existía la educación a distancia aunque no Internet. Se convirtió en sastre, al mismo tiempo que ayudaba a unos de sus hermanos en el cine del pueblo. Si hay algo que acompañaba a Eduardo era la lectura, lo que le llevó a ser una persona muy culta en la que los maestros del pueblo confiaban para hacer sustituciones en la escuela cuando era necesario. Fue así como acabó trabajando de maestro en una aldea cercana a Bienservida durante unos años.
Su ilusión: crear una familia
Salvadora fue su compañera de vida. Comenzaron su relación cuando él tenía 35 y se casaron cinco años después con 40. Ambos se dedicaron durante un tiempo a la sastrería en su propia casa, donde nacieron sus tres primeros hijos: una niña y dos niños. Con 50 años abandonaron el oficio de sastres y se mudaron a la central de telefónica y ejercieron el oficio ya obsoleto de telefonistas del pueblo. Aquí fue donde nació su último hijo y vivieron el resto de sus días. Todos ellos emigraron hacia Alicante, Valencia y Barcelona.
Una vida de trabajo culminó con la jubilación en 1983 y el cierre de Telefónica en el pueblo. Aquí fue donde Eduardo y Salvadora recorrieron toda España con los viajes del Imserso, y cuando no estaban viajando disfrutaban del entorno natural que rodea Bienservida.
Entonces llegó el momento en el que no podían valerse por ellos mismos, y es entonces cuando de buen grado sus hijos comenzaron a encargarse de ellos. La pareja comenzó a vivir a caballo entre San Vicente del Raspeig, residencia de dos de sus hijos en aquel momento (ahora uno) y Valencia. Si algo recuerdan sus hijos de sus estancia en San Vicente era la gran afición de la pareja a los desfiles de las diferentes fiestas del municipio. “Se bajaba con su silla al portal de nuestra casa, en calle Alicante y ahí pasaba las horas viendo pasar el desfile”, explica una de sus nietas.
De los momentos felices a lo menos felices. En el año 2012 Salvadora comenzó a padecer de Alzheimer y Eduardo y ella se mudaron a Valencia para estar más cerca de su hija. En 2016 Salvadora falleció. Desde entonces Eduardo volvió a vivir a caballo entre Valencia y San Vicente de Raspeig, donde continuan viviendo sus hijos.
De joven y debido a su incapacidad no tenía grandes aspiraciones, puesto que pensaba que una persona con discapacidad no podría optar a un trabajo. Pero esta creencia quedó a un lado y es que consiguió lo que más quería en su vida que era formar una gran familia. Y así fue y cuenta con orgullo que tiene tres hijos y una hija, sus parejas que son como sus hijos e hijas, y cuatro nietos y tres nietas.
Entre todas estas anécdotas y todo este tiempo donde ha vivido el reinado de tres reyes, dos dictaduras, la guerra civil, la llegada de la democracia, la entrada a la Unión Europea y una pandemia (nació cuando los libros cuentan que finalizó la pandemia de la gripe española), el pasado 5 de enero de 2021, Eduardo Navarro Lozano cumplió 100 años.
Responsabilidad
Para su familia este siempre había sido un día muy esperado que iban a celebrar por todo lo alto. Pero la actual situación les ha llevado a celebrar el centenario como otras tantas celebraciones, a través de una pantalla mediante videoconferencia. Con la cabeza en su sitio, como dicen en el pueblo, Eduardo ha relatado todo una vida al mayor de sus nietos, toda una vida que puede ser el espejo de muchos de nuestros mayores, el gran colectivo afectado por la pandemia.
Cumplir 100 años en plena pandemia es posible. Seamos responsables para que muchas más personas como Eduardo puedan compartir con nosotros su siglo de vida.



