CUANDO LOS FRACASOS TE HACEN REACCIONAR Y DESPIERTAN EL ESPÍRITU DE LUCHA Y SUPERACIÓN

Pascual Andrés Tevar

Cuando con el paso de los años, y de las numerosas etapas de la vida, y llegas a la convivencia con la jubilación, te planteas muchos desafíos con los recuerdos, y tiene más tiempo para reflexionar más despacio, como intentando detener el tiempo, que por supuesto no consigues nunca, pero entre tanto, me he detenido a pensar, y a recapacitar, lo que significa el fracaso, y la capacidad de reaccionar. Y ahora, a través de la hermosa y libre ventana de SOMOS RASPEIG, quiero plantearme y trasladar, lo que ha significado el fracaso, y la reacción , a lo largo de mi vida, y al final, quiero entender, que fracasar no es el final, sino el principio para reaccionar. Y volver a intentarlo, con la costosa lección aprendida, para salir del atolladero , para estar más preparado, y para luchar , y ser más fuerte, para ser libre, para ganar las batallas , para triunfar, sin perder la humildad, a tu manera. Y para sentirse orgulloso de seguir creyendo, en el futuro, y para saber compartirlo con los demás.

Navegando en la memoria, recuerdo, que mi primer fracaso, fue cuando después de finalizar los estudios en el Instituto Arzobispo Lozano de Jumilla, tengo que decidir mi paso a la Universidad de Murcia. Y después de darle muchas vueltas, porque no tenía nada claro mi vocación, elijo, la carrera de medicina, sin estar nada convencido, pero en ese debate, y sin asustar a mis padres, me matriculo. Al cabo de dos años, con un volcán de vaivenes mentales, y de vivencias, decido abandonar. La decepción se instala en mí, y en mi familia, hasta sentir que sentía cual iba a ser mi futuro, y que había decepcionado a mí mismo y a mis padres. Y como no sabía cómo seguir adelante, me voy al servicio Militar, y al menos, tengo un periodo de quince meses para pensar que hacía con mi vida,

Entonces sentí, que mis padres, me apoyaban, como lo hicieron desde que tengo uso razón, inculcándome la fortaleza física y mental para resistir y luchar, para buscar una salida, Y el gran apoyo, en medio de un mar de dudas, fue mi novia y la que estaba empezando a ser la compañera de mi vida, se convirtió en el patrón de barco, para hacer que enderezada mi vida, Y buscara sin prisa, pero sin pausa la vocación, y a empezar a buscar trabajo, en la empresa donde ella trababa, para aprender a ser asesora laboral. Y saber abrir con esfuerzo, constancia y tesón el camino de mi vocación, y al fin y al cabo de mi pasión para ganarme la vida y el futuro. Lo demás vendría por añadidura, a través de mi trabajo, pasando por todas las etapas, como asesor laboral, de toda una vida, y una vocación, de la que me siento honrado, orgulloso con la humildad por delante, y satisfecho, y que la añoro cada día.

Otro enfrentamiento a los fracasos, fue el asunto de ser mañoso, en el buen sentido, y a pesar de que mi padre, siempre ha sido un manitas, tanto en su trabajo de la construcción, y con responsabilidad, era un manitas en casa, en todos los sentidos, y se las apañaba bien para reparar y otras habilidades. Pero a pesar de su interés que yo lo fuera, nunca se me ha dado bien. Y mi madre, me salvaba, prohibiéndome entrar en la cocina, y otras historias, porque decía que lo primero es estudiar, y así se lo transmitía, hasta con buenas discusiones a mi padre. Pero, a pesar de todo, mi padre en las vacaciones del Instituto, a partir de que tenía edad para trabajar, me preparaba trabajos, cada vacaciones para que no tuviera distracciones, como él decía. Primero con mi hermana, valiente y atrevida y fuerte, y luego solo. Y vaya que me distraída, en la empresa de cerveza El Águila, en el servicio de Correos en horario nocturno, en la empresa de la Bony como le decían popularmente. Así que los veranos si eran intensos. Pero a pesar de eso, nunca fue el manitas que el quería, Menos mal, que las notas eran buenas, y sacaba la beca salario para seguir estudiando, buscando ser un hombre cabal y de provecho y honrado, que era otra de sus consignas de mi padre. Y así iba venciendo lo ser un hombre mañoso.

Pero el asunto de fracaso, se me vino encima, para lo que ser padre, alcanza su dimensión de reto y responsabilidad enorme y hasta incomprensible, que me planteó desde el inicio de la adolescencia mi hija , con la enfermedad mental. Y tan brutal e incompresible desafío, para los que su madre, y yo sobre todo, no estábamos preparados, sentí la sensación de fracaso, pero gracias al empuje de la compañera de mi vida, y del trabajo agobiante y estresante, y vital de la asesoría, traté como puede de seguir adelante. Aunque reconozco, que sentía, que no estaba a la altura de esa enorme responsabilidad. Pero me decían los amigos del alma, el árbol de la familia que has creado, tiene las raíces fuertes, y va a soportar todas las tempestades, para luchar por tu hija, y por tu familia.

Esta situación, cuando han pasado más 34 años, te hace reflexionar, que el sentimiento de fracaso, por no saber estar a la altura, de ser capaz de compaginar mi absorbente trabajo de asesor laboral, y lo que necesita mi hija, estaba en una lucha continua conmigo mismo y con el reto de cada jornada. Y menos mal, que la compañera de mi vida, siempre encontraba la forma de ayudarme, porque dejó el trabajo, para cuidar a mis dos hijos, y sobre todo, enfrentarse durante muchas horas con la enfermedad de mi hija. Y al mismo tiempo, tengo que reconocer, la increíble ayuda que encontramos a través de los centros hospitalarios especializados, de los profesionales de psiquiatría, de las asociaciones de padres, de las fundaciones, y de los consejos de otras familias y de los amigos del alma, con este mimos reto, para salir adelante, y no tirar la toalla, a pesar de todas las tempestades, que se nos venían encima, cada amanecer.
En este largo y complicado camino, reconozco que durante años no he sabido estar a la altura, porque el exigente y agotador trabajo de asesor laboral no me dejada, casi, tiempo. Menos mal, que mi compañera de viaje si estaba a la altura, y sabia, a su manera enfrentarse a la situación, con sufrimiento sin palabras, y aguantando en silencio, y encima animándome. Y siendo consciente, al enorme reto que se enfrentaba de por vida .Solo en los periodos que estaba ingresada, o protegida en centros de atención, podía descansar de tanta tensión. Pero, a veces la situación era tan complicada, que tenía que ir a casa, dejándome el trabajo, porque la situación era exigente no, lo siguiente.

Pero, lo que tenía claro, y era lo que daba un aldabonazo a la mente, es que desde el diagnóstico, del Doctor Alfonso Chinchilla en el Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, era a lo que teníamos que enfrentarnos como parte de nuestra vida y de nuestro futuro, con la enfermedad mental de mi hija. Porque teníamos claro, lo que nos dijo el buen doctor, que era imprescindible que entendiéramos que teníamos más que entender, saber convivir con la enfermedad, para poder ayudar a nuestra hija, porque sino podíamos enfermar nosotros en vez de ayudarla. Y al que le rindo homenaje, por su buen y vital trabajo con nuestra hija, porque lo supo hacer con cariño, paciencia, y sabiduría para transmitirlo, ya para seguir en este camino duro y difícil, pero con sana moral, y fe en el futuro.

Y también el agradecimiento al psiquiatra Juan Carlos García, que es su apoyo desde una largo camino, en Alicante. Y en el que confiamos, porque tratarla, con la medicación, con el seguimiento, y con la paciencia, con la serenidad, y con sabiduría de tratarla y ganarse su confianza día a día, para ayudarle en su caminar, y en mentalizarse como tiene que luchar para ganar la batalla del futuro.

Después de mucho tiempo, con sufrimiento, y retos, y angustias, y períodos más calmados, aunque sometido a los desafíos de la esta enfermedad, encontramos en el año 2016, a través de la FUNDACION AFEMA, un piso tutelado, para que viva su vida y su futuro, aunque la relación estaba abierta para visitarla en días concretos, y para que ella pudiera visitarnos en los días estipulados de permiso, Y eso sí, siempre conectados con el móvil.

Desde entonces, me he convertido en su amigo, en su asesor, en su confesor, en su protector, y en su psicólogo. Y claro está, tengo que intentar estar a la altura, porque las circunstancias y los problemas, y loa desafíos, no se aprenden, sino que hay que saber, por duros, difíciles, y hasta incomprensible y amargos que sean, enfrentarse a ellos.

Pero al final, hemos hecho un Equipo compuesto por las monitoras del Piso tutelado, por la psicóloga del Centro DE AFEMA en Alicante, y por mí. Y cuando se plantee un problema, tanto personal como de convivencia, nos llama a todos, para poder ayudarle. Y siempre, sabe que , puede llamarme, ahora que estoy jubilado cuando quiera, que estoy listo para responder y ayudar, y animarle a seguir adelante con la dosis de ilusión que con todas mis fuerzas intento transmitirle.

En el fondo, puede hablarse de fracaso, cuando no he sabido estar a la altura del enorme reto, pero también puede hablarse de éxito, cuando he sabido reaccionar. Y ahora, mentalizado, sosegado, o preparado, voy llevando la vida, como decía el poeta “Caminante no hay camino, se hace camino al andar, y al volver la vista atrás se ve el camino, que nunca más mas a volver a pisar”.

Y me siento, un padre, honrado, y con el honor, intentar cada día de estar dignamente a la altura, aunque tenga que apoyarme en el buen equipo que me asiste, y sobre todo en la compañera de mi vida, que me da la serenidad, que no podría encontrar en el universo. Y al final, una sonrisa de nuestra hija, bendice nuestras vidas, y las inunda de esperanza y de ilusión por el futuro, más que nada en el mundo.

En la PEÑA MADRIDISTA SAN VICENTE DEL RASPEIG sentí la sensación de fracaso, cuando en el año 2001, cuando tomé el relevo de GABRIEL BELTRAN, en la Presidencia de Peña, no pude continuar con tener un equipo juvenil, en competición en la Federación Territorial Valenciana de Fútbol. Y entonces, para tratar de responder a ese fracaso, me volqué en relacionarme con otras Peñas Madridistas de Alicante y Provincia, y de otros lugares de provincia de Madrid y de Murcia, de Toledo, y de Valencia. Y les llamé PEÑAS MADRIDISTAS AMIGAS, y viajé acompañado, con un Compañero Peñista, y a veces solo, para participar en sus respectivos Aniversario. Y de alguna forma, me sentí recompensado, de vivir el Peñismo y el Madridismo , con las auténticas vivencias de sentimientos y de pasión,

También me sentí orgulloso de la Peña, cuando desde el año 2015 al 2019, participamos con un Equipo Alevín en el TORNEO ANUAL DE PEÑAS MADRIDISTAS DE TODA ESPAÑA, y logramos ser CAMPEONES EN LOS AÑOS 2016, Y EN 2019, recibiendo los TROFEOS DEL PRESIDENTE FLORENTINO PEREZ EN LA CIUDAD DEPORTIVA, y de manos de JUGADORES DE LEYENDA COMO ROBERTO CARLOS, SEEDORF, Y FERNANDO HIERRO EN EL ESTADIO SANTIAGO BERNABEU antes del partido de los VETERANOS DEL REAL MADRID con otros grandes EQUIPOS DE EUROPA. Esa experiencia, para los JUGADORES, PARA SUS FAMILIAS, Y PARA LA PEÑA, es historia, y es un hito como ya he contado en su momento, se quedó en nuestros corazones, y nuestras memorias para siempre. Y cada vez que entro en la sede social, y veo los poster, revivo esas emociones, que resaltan los valores del Madridismo, que siempre he defendido, y que forma parte de mi forma de pensar, y de la filosofía de vivir y de compartir.

Así que, reviviendo estas luchas, para combatir los fracaso, voy a contar en este artículo, y otros que de momento se quedan en el tintero, que han supuesto, una forma de enfrentarme a la vida, en todas sus dimensiones, y que me han servicio, para aprender a caer y saber levantarse más fuertes, o al menos comenzar la reacción para conseguirlo, paso a paso, para luchar con mis debates, y para buscar las salidas, que compensen. Y que te animen en los momentos difíciles para seguir el camino, con el empuje de nuestra increíble luz mediterránea.

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