El 8M no se celebra, se lucha

Artículo de opinión de Begoña Monllor Arellano y Raquel Rodríguez Llorca, integrantes del Área de Feminismo de EU Raspeig

Desde Esquerra Unida Raspeig lo decimos sin rodeos: el 8 de marzo no es un día para hacerse fotos ni para discursos bonitos. Es un día de lucha. Es un día para salir a la calle y recordar que todo lo que tenemos lo consiguieron mujeres que pelearon antes que nosotras.

Nada nos lo han regalado. Ni el derecho a votar. Ni a trabajar. Ni a tener nuestro propio dinero. Ni a estudiar. Ni a decidir sobre nuestra vida. Cada uno de esos derechos costó años de esfuerzo, de organización y de enfrentarse a un sistema que siempre ha protegido los privilegios de unos pocos a costa de nosotras.

Por eso el 8 de marzo no es una fiesta vacía. Es un día para defender lo logrado y para seguir avanzando. Porque la desigualdad sigue ahí. Sigue en los sueldos más bajos. En los trabajos más precarios. En las horas invisibles dedicadas a los cuidados. En la violencia machista. En los espacios de poder donde seguimos siendo minoría.

Y ahora la situación es aún más grave. El fascismo está creciendo en Europa y en el Estado español. Y cuando el fascismo avanza, los derechos de las mujeres retroceden. Lo vemos cuando se niega la violencia machista. Cuando se ridiculiza el feminismo. Cuando se intenta devolver a las mujeres al papel de siempre: calladas, obedientes y en casa.

El feminismo es antifascista porque lucha contra la desigualdad y contra los privilegios impuestos por la fuerza. Lucha contra la idea de que unas personas valen más que otras. Por eso molesta tanto a quienes quieren mantener el poder sin cuestionarlo.

La desigualdad que vivimos no es casualidad. No es mala suerte. Es un sistema que coloca a los hombres en una posición de privilegio y limita las oportunidades de las mujeres. La brecha salarial, la pobreza que afecta sobre todo a mujeres, la carga casi exclusiva de los cuidados o la violencia no son hechos aislados. Son piezas del mismo engranaje.

Por eso la igualdad real tiene que ser una prioridad política, también en el ámbito local. No basta con campañas un día al año. No basta con declaraciones. Hace falta dinero, medidas concretas y compromiso firme: planes de igualdad que se cumplan, recursos suficientes contra la violencia machista, políticas de empleo que combatan la precariedad femenina y servicios públicos que asuman los cuidados para que no recaigan siempre sobre nosotras.

Este 8 de marzo tenemos que llenar las calles. Por las que estuvieron antes. Por las que estamos ahora. Por las que vendrán. Para que nadie nos quite lo conquistado. Para dejar claro que nuestros derechos no se negocian.

Porque frente al fascismo, más feminismo. Frente al postureo, hechos. Y frente a los privilegios, unidad y lucha colectiva.

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