Galardón Educación en la Gala de la mujer

¿Cómo comenzó tu camino en el ámbito por el que hoy has sido reconocida?
RESPUESTA: Comencé mi camino en un aula de Educación Infantil de un colegio concertado. Fue una etapa intensa y exigente, especialmente por el alto número de alumnado por clase, lo que supuso un gran reto desde el primer momento. Sin embargo, a pesar de la dureza de aquellos inicios, me enamoré de esta profesión desde el minuto uno y ha sido un regalo trabajar como maestra durante 37 años. Descubrí que educar no es solo enseñar contenidos, sino acompañar, escuchar, sembrar valores y formar personas. Y supe que ese era mi lugar.
PREGUNTA: ¿Hubo algún momento o persona clave que marcara este inicio?
RESPUESTA: No hubo un momento concreto, pero sí dos personas fundamentales. La primera fue mi madre, María Molina Cobo, quien siempre me inculcó la importancia de ser independiente, confiar en mí misma y no rendirme ante las adversidades.
La segunda fue Juan Papí, que estuvo a mi lado acompañándome y motivándome constantemente para que siguiera adelante, incluso en los momentos más difíciles. Gracias a ambos entendí que los sueños se construyen con esfuerzo, perseverancia y el apoyo de quienes creen en ti.
PREGUNTA: Este reconocimiento pone en valor tu trabajo. ¿Qué logros destacarías de tu trayectoria y qué sacrificios han sido necesarios para alcanzarlos?
RESPUESTA: Más que hablar de logros concretos, creo que mi mayor objetivo —y también mi mayor satisfacción— ha sido intentar hacer felices a mis alumnos y alumnas, respetando siempre la individualidad de cada uno.
Durante 34 años en el CEIP Jaume I he acompañado a muchas generaciones de sanvicenteros y sanvicenteras. Ver sus sonrisas y sus logros cada día era mi mayor recompensa. Hoy sigue siendo una gran alegría encontrármelos por las calles de San Vicente del Raspeig y recibir sus saludos.
En cuanto a sacrificios, quizá lo más complejo fue conciliar la exigencia de la enseñanza con mi papel como madre. La jornada no terminaba cuando sonaba el timbre: en casa continuaban las horas de preparación, correcciones y formación continua. No siempre fue fácil, pero con organización y el apoyo de mi familia, todo fue posible.
PREGUNTA: ¿Qué ha significado para ti recibir este reconocimiento en San Vicente del Raspeig? ¿Cómo viviste este momento?
RESPUESTA: Ha sido un auténtico torbellino de emociones: sorpresa, ilusión, gratitud y una profunda emoción difícil de describir.
La emoción fue aún mayor al saber que la propuesta surgió de un alumno al que tuve hace 22 años en sus primeros años de escuela. Pensar que, después de tanto tiempo, se acordara de mí y considerara que mi labor merecía este reconocimiento me conmovió doblemente. Es la confirmación más bonita de que la huella que dejamos en la infancia permanece.
Más allá del premio, lo verdaderamente importante es sentir que el trabajo diario, silencioso y constante, tiene sentido.
PREGUNTA: Si miras atrás, ¿qué experiencia ha sido especialmente importante en tu camino? ¿Qué te ha enseñado?
RESPUESTA: Una de las experiencias más enriquecedoras ha sido pasar por distintas especialidades: Educación Física, Infantil y Primaria, además de mi etapa como Jefa de Estudios. Cada una me aportó una mirada distinta sobre la enseñanza y me permitió comprender mejor la complejidad y riqueza de nuestro trabajo.
Aprendí que la educación no puede entenderse desde una única perspectiva. Cada niño y cada niña es único, con sus propios ritmos e inquietudes, y nuestra labor es acompañarlos e impulsar sus fortalezas.
También comprendí que el éxito en educación no es individual: el trabajo colaborativo del equipo docente y la implicación de las familias son fundamentales. Educar es caminar juntos.
PREGUNTA: Desde tu experiencia, ¿cómo valoras la evolución del papel de la mujer en la sociedad? ¿Qué avances destacarías y qué retos quedan pendientes?
RESPUESTA: La evolución ha sido muy significativa. Hemos avanzado en derechos, visibilidad y oportunidades, pero estos logros son fruto del esfuerzo de muchas generaciones de mujeres que trabajaron, muchas veces en silencio, para que sus hijas crecieran con una mentalidad más libre e independiente.
Aun así, quedan retos importantes: la conciliación, la corresponsabilidad y la igualdad real de oportunidades. Y, por supuesto, sigue siendo prioritario erradicar cualquier forma de violencia hacia las mujeres.
Creo firmemente que la educación tiene un papel clave para seguir avanzando hacia una sociedad más justa e igualitaria.
PREGUNTA: ¿Qué mensaje darías a las niñas y jóvenes de San Vicente que quieran seguir tus pasos o luchar por sus sueños?
RESPUESTA: No soy mucho de dar consejos, siempre me he sentido más cómoda acompañando procesos. Pero diría que el esfuerzo y la constancia son herramientas poderosas para alcanzar objetivos. Los sueños no siempre se consiguen a la primera, pero la perseverancia marca la diferencia.
También les diría que no permitan que nadie les haga renunciar a lo que desean, siempre actuando desde el respeto y los valores.
Y algo fundamental: rodearse de personas positivas. La familia suele ser ese apoyo incondicional que nos sostiene en los momentos difíciles y celebra los logros. Caminar acompañadas hace que cualquier meta sea más alcanzable.