Rubén Jordán es uno de los campelleros más conocidos fuera del municipio, lo conocemos un poco más y nos cuenta como es para el que una de sus piezas de inicio a la Semana Santa de Sevilla

Primero de todo, para los vecinos que no te conocen, ¿quién es Rubén Jordán?
Pues un vecino más nacido en Alicante en 1987 y criado en este pueblo desde ese momento. Realicé aquí mis estudios del colegio y el instituto y me formé en la L’Avanç desde los 4 o 5 años hasta que marché al conservatorio.
¿Cómo empiezas en el mundo de la música?
Como te decía, alrededor de los 4 años en L’Avanç un poco a instancia de mis abuelos que tenían la ilusión de ver a su nieto tocar el saxofón en la banda del pueblo, dirigida en aquel momento por Joan Iborra.
¿Y cómo empiezas a darte cuenta que la música puede ser tu camino profesional?
Pues fue precisamente gracias a personas como Joan Iborra -entonces director-, Luis Seguí -actual director- y profesores como Orlando Regidor como me di cuenta de que podría hacer de la música mi vida. Ocurrió cuando di el salto de la banda jove a la banda titular ya que coincidió que comencé a hacer ahí mis pinitos con el piano, a componer mis primeras piezas, a coger la batuta… tendría 12 o 13 años. Sin mi paso por L’Avanç y la relación tan bonita que tuve con Iborra, Seguí, etc., no habría llegado a hacer el grado profesional de saxofón, después el superior de composición y -finalmente- especializarme en dirección de orquesta y musicología.
Entrando ya en tu música, ¿qué es lo que te inspira a la hora de componer?
Bueno, generalmente depende de la obra a la que me enfrente. No es lo mismo componer una sinfonía, donde la idea o el concepto alrededor del que todo girará depende exclusamente de mí, que enfrentarme a musicalizar un poema o una pieza de carácter religiosa. En cualquier caso, lo digo siempre sin que me tiemble el pulso: la inspiración viene de Dios a base de trabajo.
La música para Semana Santa podemos decir que es un género que se te da bien, ¿qué tiene ese género que hace sacar lo mejor de ti?
¡Agradezco el cumplido con eso de que se me da bien! Supongo que a través de este género he conseguido explorar facetas personales que en otros no había podido hacer. Al final, todo esto es un camino de aprendizaje, pero es cierto que cuando he compuesto música para orquesta -que he compuesto bastante- me ha hecho sacar unas cosas de mí y cuando he trabajado más en profundidad el género sacro o religioso, otras. En cualquier caso, lo interesante de la música para la Semana Santa, lo que más disfruto, es que me permite tener una conexión muy profunda con un público muy amplio. Me decían que en la salida extraordinaria que hizo la Esperanza de Triana en Sevilla hace unos meses podía haber unas 20.000 personas escuchando mi música. Esa energía acumulada a través de mi música sólo puede verse en esas situaciones.
Hablando de Semana Santa, ¿cómo esperas que sea ese inicio de la Semana Santa de Sevilla con tu obra “La misión de la Esperanza”?
Bueno, “La Misión de la Esperanza” tiene ya un largo recorrido pero he tenido la suerte de que haya sido seleccionada para sonar en el pregón de la Semana Santa de Sevilla. Tengo que decir que soy afortunado porque, con esto, mi música habrá sonado en los dos pregones más importantes de Sevilla como son el pregón de las Glorias -donde sonó mi marcha “Bajo tu Amparo” en 2015, y ahora en el de la Semana Santa. Será apoteósico, seguro.
«Sin mi paso por L’Avanç y la relación tan bonita que tuve con Iborra, Seguí, etc., no habría llegado a hacer el grado profesional de saxofón, después el superior de composición y -finalmente- especializarme en dirección de orquesta y musicología»
Además de marchas procesionales, haces música clásica y de otros géneros, ¿cómo es ese proceso de crear ese tipo de música?
Realmente el proceso creativo siempre es el mismo. Quizá lo que cambia es el enfoque. Es un proceso duro y de absoluta soledad. De búsqueda de uno mismo para darse a los demás. Es bonito, pero muy intenso.
La música clásica no siempre conecta con los más jóvenes, ¿qué se puede hacer para que esa música pueda entrar en la vida del público joven?
Lo primero que habría que hacer es dejar de tratar a los jóvenes como idiotas porque gracias a que se les trata como idiotas y se bajan constantemente los niveles de exigencia de todos los ámbitos académicos tenemos serios problemas en el acercamiento a todo lo que tiene que ver con las humanidades. Esto no ocurre sólo con la música clásica, sino también con la lectura, la filosofía, la historia del arte… Si esto le sumamos que, de manera histórica, la música se enseña fatal en colegios e institutos… La forma de acercarse a la música clásica es dejando al lado los prejuicios y dejándose llevar.
En tu trabajo como director, ¿qué retos te supone dirigir y tener la conexión con la orquesta?
Dirigir es una experiencia maravillosa. Realmente, dirigir es la experiencia artística que más me satisface realizar ya que es donde más cómodo me encuentro, donde más yo me siento. Gracias a Dios, con las orquestas que he trabajado (Filarmonía de Madrid, Orquesta Sinfónica “La Estación”, Orquesta Sinfónica SingUs) ha habido cierto feeling -especialmente con la orquesta sinfónica SingUs y la conexión ha sido casi inmediata. De hecho, con ellos he debutado casi en todos los teatros importantes de Madrid.
Sin embargo, no siempre es así, y a veces uno se encuentra resistencias. Ten en cuenta que una orquesta o una banda es un grupo humano que muchas veces carga con el peso de haber sido dirigida durante 20 o 30 años por la misma persona. Si el proceso ha sido bueno, es genial porque el grupo tendrá sonido propio. Sin embargo, si la experiencia no ha ido muy bien, habrá inercias, costumbre, resistencia al cambio… A veces es un proceso muy complejo, casi desagradable, pero esto me ocurrido quizá sólo una vez. El resto de experiencias dirigiendo en Madrid, Zaragoza, Castellón, Sevilla o Alicante ha sido maravilloso y una escuela de aprendizaje.
Has sido reconocido con premios y nombramientos importantes, como tu labor como Maestro de Capilla en Urda. ¿Cómo influye este trabajo en tu visión musical y creativa?
Mi labor como Maestro de Capilla ha sido un pilar fundamental en mi carrera. De hecho, es la actividad profesional más importante que he realizado en los últimos 5 años por varios factores: por un lado ha sido una labor de gestión de personal y medios muy importantes. Por otro lado, he tenido que combinar constantemente mi faceta de director junto a la de compositor, todo ello adrezado con la de musicólogo y estudiante perpetuo de teología. Ten en cuenta que durante estos 5 últimos años he compuesto y estrenado música nueva prácticamente para todos y cada uno de los domingos del año, además de piezas para distintos actos concretos como el oratorio Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz, un Requiem a la muerte de Benedicto XVI, otro Requiem a la muerte del papa Francisco… muchas veces música compuesta en tiempo récord por la visita del Sr. Arzobispo de Toledo y Primado de España… En fin, una experiencia única de la que -por cierto- me despido el próximo Domingo de Ramos. Y luego claro, he trabajado con un grupo humano del que me acordaré toda la vida. Prácticamente un coro sólo de mujeres, todas ellas amateurs que no sólo han sabido estar en su sitio, sino que me han respetado en todo momento y se han dejado dirigir. Urda y su basílica -y me atrevería a decir incluso Toledo-, nunca agradecerán lo suficiente el trabajo de estas señoras durante los últimos 5 años. Ha sido maravilloso y me lo llevo conmigo.
“Mi sueño profesional es terminar de componer mi ópera sobre un texto precioso de mi querido Antonio Gala”
Fuera del trabajo, ¿qué música escuchas?
Menos reggeton, prácticamente de todo. Me gusta Rosalía (menos moto mami), me gusta la música country, me gustan grupos como los Beatles, Coldplay, Maná, Queen… Pero especialmente escucho a Franco Battiato, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Ed Sheeran… Realmente, ¡últimamente sólo escucho a las K-POP, que por cierto están muy bien, gracias a mi hija mayor!
¿Cuál es el sueño profesional que todavía te queda por cumplir?
Terminar de componer mi ópera sobre un texto precioso de mi querido Antonio Gala.
¿Cómo imaginas la evolución de tu estilo musical en los próximos años?
La evolución del estilo es reflejo del estudio, de todo los que nos va permeando y de la vida misma. Tengo un estilo muy definido ya, que como vino a decir José Luis Temes es una mezcla de minimalismo, música pop y música cinematográfica… No sabría decir. Quizá diría que, al igual que en la vida aspiro más a la serenidad que a la felicidad -como decía Antonio Gala- en la composición aspiro a utilizar cada vez menos ampulosidades.
Eres uno de los campelleros más conocidos del momento, ¿sientes el apoyo desde tu pueblo cuando sales de nuestras fronteras?
Durante muchos años he pasado bastante desapercibido, pero nunca me ha importado. Siempre he trabajado intentando dar lo mejor de mí independientemente del lugar. He tenido etapas de trabajo en Alicante, Murcia, Córdoba, Sant Joan, Toledo… en todos esos lugares he dado el 100 x 100 de lo que soy. Dicho esto, es cierto que en los últimos años sí ha habido un acercamiento hacia mi trabajo y mi trayectoria que agradezco enormemente. Me encantaría trabajar mucho más en mi pueblo.