El Campello y las candidaturas independientes: ¿Fracaso de los partidos o fracaso de la izquierda? – Ángel Sánchez

Existe en la ciencia política un concepto muy estudiado: los partidos de acción local o partidos localistas. Son formaciones que rechazan explícitamente la adscripción a las grandes familias ideológicas nacionales y construyen su identidad en torno al territorio, al municipio, a la vecindad. La literatura académica los ha descrito como expresión de desafección hacia los partidos convencionales, pero también como vehículos de movilización ciudadana genuina. En El Campello llevamos casi cincuenta años siendo un laboratorio de ese fenómeno.

Cuando en 1979, en las primeras elecciones municipales tras la recuperación de la democracia, la Candidatura Independent se convirtió en la lista más votada con un 35,4% de los sufragios, muchos lo interpretaron como una anomalía del momento: el sistema de partidos aún no había cuajado, las etiquetas ideológicas generaban desconfianza en un país que salía de cuarenta años de dictadura, y el movimiento vecinal —nacido precisamente en los márgenes del franquismo como forma de hacer política donde la política estaba prohibida— conservaba toda su energía y su legitimidad, aunque El Campello no se significó nunca por un movimiento vecinal importante.

Pero el fenómeno no solo no desapareció, sino que se consolidó. En 1983, el grupo independiente mantuvo representación con un concejal y un 10,6% del voto. En 1987, una escisión del PSOE alumbró el PSI, que con un extraordinario 36,9% gobernó en minoría, mientras El Campello Independent seguía en escena; en 1991, El Campello Unido alcanzó el 12,9% y dos actas; en 2011, Decido —liderado por una ex alcaldesa socialista— logró representación con el 5,8%; en 2015, el Centro Moderado Demòcrates entró con el 6,1%, y el Moviment Red se quedó a décimas del umbral con el 4,9%. En 2019, Red superó la barrera y obtuvo un acta y en 2023, Per El Campello obtuvo un 10,7% y dos concejales.

Para las elecciones de 2027 otro (de momento) actor político localista se suma a esa lista: Todos Somos El Campello, que prepara su presentación pública para finales de este mes de marzo.

Ante esta secuencia, creo que lo que se debería haber planteado es una pregunta con un evidente peso político: ¿estamos ante un fracaso de los partidos políticos en general, o estamos ante un fracaso asumido de la izquierda?

La propia energía del movimiento vecinal de los sesenta y setenta, que nutrió culturalmente a las candidaturas progresistas, era un fenómeno de izquierdas: vecinos que se organizaban frente a la especulación, frente a la ausencia de servicios, frente al poder establecido. Cuando esa energía no encuentra acomodo en los partidos de izquierda convencionales —por su burocratización, por sus dinámicas internas, por la distancia entre la dirección y la base— busca otra salida. Y la etiqueta independiente o localista se convierte en esa salida.

Estos partidos no son apolíticos: son apartidistas, que es cosa bien distinta. La ausencia de etiqueta ideológica no equivale a la ausencia de ideología. Toda propuesta política tiene una orientación: una política de vivienda, un modelo de ocupación del territorio, una decisión sobre cómo gestionar los servicios públicos municipales implican siempre una visión del mundo, unos intereses que se priorizan sobre otros, una forma de entender lo colectivo. Quien se presenta a unas elecciones —sea bajo la sigla del partido que sea o bajo la bandera de independiente— está tomando una decisión política, está reclamando poder, está proponiendo un modelo de comunidad.

El fenómeno localista en El Campello no es marginal. Revela que una parte del electorado del municipio lleva décadas buscando representación política fuera de los canales convencionales, y que los partidos de izquierda —con más constancia que los de derecha— han sido incapaces de retener esa energía dentro de sus estructuras.

La pregunta que deberían hacerse esos partidos no es si Todos Somos El Campello les va a quitar votos en 2027. La pregunta es por qué, desde 1979, hay siempre alguien dispuesto a presentarse a las elecciones diciendo que los partidos existentes no son suficientes.

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