Luis Sala, escritor mutxamelero nos presenta su nuevo libro, hablamos con el para conocerlo mejor y saber un poco más sobre el

Pregunta: Lo primero de todo, para la gente que no te conoce, ¿quien es Luis Sala?
Respuesta: Me parece muy complicado definirse sin caer en la pedantería, como me dijo Elvira Lindo. Soy un intento de escritor; he tenido mucha suerte, soy de los afortunados a los que les publican las historias que escriben. Somos un número muy limitado, por eso digo que soy uno de los afortunados.
Tampoco ha cambiado tanto mi vida desde que me dedico a esto como para definirme; tendría que hacerlo mucha gente para tener un sondeo real. Yo diría que soy escritor, es la palabra con la que me defino.
Me parece una palabra muy fuerte, porque escritoras son Elvira Lindo o Isabel Allende. Recuerdo esa frase de Paquita Salas donde dice que una actriz que no trabaja no es una actriz, es una superviviente. Yo creo que un escritor que no publica es un superviviente.
P: ¿De donde te nace la idea de escribir?
R: Tampoco es que haya sido un niño muy lector, porque casi todos los escritores dicen: “yo escribía muchísimo”. Bueno, pues yo creo que lo que leí, ya de más mayor, fue Manolito Gafotas, y por eso para mí Elvira Lindo es un referente, a quien luego he tenido la suerte de poder conocer. Creo que todo empezó, de alguna forma, en algún verano en el que estaría desocupado. Escribir siempre empieza igual: poner una palabra tras otra y que tenga cierta coherencia.
Pues a mí me pasó eso. Me gustó porque te da la posibilidad de contar cosas que, a lo mejor, en tu día a día se te escapan. Escribir, de alguna forma, libera cosas. Yo me he dado cuenta de que en el gimnasio también se liberan muchísimas cosas, pero escribir es como una liberación mental: vaciar la cabeza para dejar espacio a otras cosas que, al día siguiente, volverás a contar. Es más, para poder escribir tienes que tener cierto orden en tu vida.
Mucha gente dice: “yo es que soy escritor brújula” o “yo soy escritor de no sé qué”, pero yo no sé qué tipo de escritor soy, la verdad. Yo soy un escritor que va a lo loco y desarrolla sus historias.
Arturo Pérez-Reverte creo que decía que él sabía lo que tenía su protagonista en el segundo cajón del escritorio. Pues yo no tengo ni idea de lo que le va a pasar a mi protagonista en el siguiente capítulo. Pero creo que, al final, eso es lo que le da cierto espíritu a tus proyectos. Y ya te digo que yo hablo sin saber nada todavía; soy un pececito en un mar de tiburones.
Pero bueno, creo que lo que he aprendido en estos años escribiendo es aprender, aprender y aprender, y también disfrutar del proceso, pero siempre aprendiendo y sabiendo que nunca has aprendido lo suficiente y que siempre hay alguien que te puede dar una lección. Yo, por ejemplo, de Carla Montero: cuando le llegó mi novela, La última frontera, ella me hizo una faja, que es lo que todos los escritores queremos, que una novela vaya enfajada.
Carla me dio unas lecciones, unos consejos y una forma de hacer “a lo Carla Montero” que pensé: esto me lo guardo para siempre. Igual que con Sara Torres, que me dio unas lecciones, por así decirlo, de humanismo, de antropología, de espeleología del ser humano, que creo que me voy a guardar para toda la vida.
P: Vamos a hablar de todos tus libros, empezamos por “Vestir es soñar”, ¿como es el proceso para crear este libro?
R: “Vestir es soñar” nace porque yo acababa de estudiar diseño de moda. Nunca me he dedicado a la moda como tal; he hecho cosas puntuales, he colaborado en El País y en La Vanguardia, donde sí he desarrollado artículos sobre moda, pero nunca he creado colecciones. No me veía capacitado para seguir el ritmo de una industria tan acelerada. La moda va muy rápido, mientras que la literatura permite trabajar más despacio, aunque luego el consumo sea rápido. Por mi forma de ser, creo que en la moda no habría funcionado igual de bien, y por eso me incliné hacia el libro y el artículo, que me permitían desarrollarme de otra manera.
Todo surgió un verano, justo al terminar. Me di cuenta de que no tenía referentes españoles claros. Conocía a mucha gente de Alemania, Francia o Estados Unidos, pero echaba en falta referentes cercanos. Yo siempre me he sentido más próximo a nombres como Palomo Spain o Balenciaga que a otros más clásicos como Coco Chanel o Donna Karan.
De ahí nació “Vestir es soñar”, un recorrido que va desde Mariano Fortuny, considerado uno de los primeros diseñadores, hasta la actualidad. Fortuny, a principios del siglo XX, rompe con la figura de la mujer encorsetada y propone una silueta más libre con el vestido Delfos, que permitía movimiento y comodidad. A partir de ahí, el libro recorre cien años de diseño con nombres como Sybilla, Manolo Blahnik, Paloma Picasso o Palomo Spain, quien redefine la figura masculina en la moda.
Para mí, Palomo Spain representa esa libertad de no limitarse y de contar historias a través de la moda. Gracias a este proyecto, pude conocer a personas que admiraba, como Paloma Picasso. Recuerdo especialmente una llamada con ella: pensar que en las memorias de Françoise Gilot se hablaba de la pequeña Paloma y que, años después, estaba hablando conmigo, fue algo impresionante.
P: Después de “Vestir es soñar” vino Super Modelos
R: Ahí es cuando empiezo a moverme y a ir a desfiles. En uno de ellos le dije a Laura Ponte que quería escribir sus memorias. Laura Ponte es una persona que se pone una camisa y un pantalón y sigue transmitiendo lo que es: una supermodelo.
A la semana ya estaba en su casa trabajando en ello. Pero me di cuenta de que su historia tenía mucho potencial, aunque no quería contar solo la suya, sino la de toda una generación de mujeres. En los años 90 parecía que todo era posible: la figura de la supermodelo vendía la imagen de una mujer emancipada, capaz de todo, cuando en realidad muchas veces estaban bajo el control de la industria y de quienes marcaban las tendencias.
Yo también había creído en esa imagen, pero al conocerlas descubrí otras versiones: sus pasiones, sus contradicciones y la humanidad de sus vidas. Para mí fue como entrar en unos años 90 que no viví, pero que siempre me habían parecido cercanos y lejanos a la vez. Ellas me mostraron ese mundo brillante por fuera, pero no tanto por dentro.
Habían trabajado con nombres como Claudia Schiffer o Naomi Campbell, y con referentes como Bruce Weber o Steven Meisel. De esas experiencias surgían anécdotas de todo tipo, muchas muy divertidas. También hablaban de cómo cambió la industria con la globalización: tras la caída del muro de Berlín, empezaron a llegar modelos de Europa del Este y de Asia, y eso hizo que muchas de ellas comenzaran a trabajar menos.
“Todo empezó, de alguna forma, en algún verano en el que estaría desocupado, escribir siempre empieza igual: poner una palabra tras otra y que tenga cierta coherencia”
P: Y tras “Super Modelos”, “Sobre Nosotros”, es la primera novela “diferente” que escribiste
R: Yo pensaba que empezar en un nicho y luego llegar a lo general era más fácil, pero después descubres que no. Puedes tener tu espacio en un nicho, como la moda, donde te leen personas especializadas, igual que ocurre con libros de arte o de otros ámbitos concretos. Y eso está muy bien. Yo estoy muy a favor del lector de nicho, porque ha sido quien ha impulsado mis obras.
Luego llegamos a Sobre nosotros, que es una novela intimista, cercana a la autoficción, sobre una pareja. La forma de contar es en segunda persona, ese “tú” que casi interpela al lector. Para mí fue la primera vez que pude escribir sin meterme en la vida de otra persona, sin entrevistas ni transcripciones. Y es que transcribir me resulta muy aburrido, porque no soy periodista. Por eso, crear una historia desde cero fue algo muy liberador.
También es verdad que mi proceso ha sido siempre al revés: yo tenía los manuscritos terminados y, a partir de ahí, llegaban las oportunidades, los adelantos y la publicación. Ahora están apareciendo otras formas de crear en mi vida, pero creo que es porque ya hay un recorrido detrás. Ojalá todo fuera tan sencillo y romántico como en Sexo en Nueva York, donde todo llega solo.
Sobre nosotros fue esa primera oportunidad de contar desde otro lugar: una historia sobre el maltrato dentro de la pareja. Es un tema del que cada vez hay más obras, pero en su momento había muy pocas centradas en parejas LGTB. Muchas veces se ofrece una visión más edulcorada o romántica, que también está bien, pero creo que es importante ampliar el foco.
Al final, se trata de ofrecer referentes. No solo para personas LGTB, sino también para quienes no lo son y pueden acercarse a estas historias y reconocerse de alguna forma.

P: Y ahora presentas tu última novela, “La última frontera”, ¿de que trata?
R: La última frontera nace porque yo quería contar una historia sobre la Segunda Guerra Mundial. Para mí fue un conflicto brutal, y me cuesta entender que todavía haya gente que niegue el Holocausto o gente que dice “¿como sabes que hubo personas LGTB contabilizadas?”. Existe documentación, registros y listas que demuestran lo que ocurrió y las víctimas que hubo en distintos colectivos. No es algo que se pueda cuestionar.
Cuando terminé la novela, llegué a quien hoy es mi representante y vio que tenía potencial, sobre todo porque planteaba una historia dentro de la Guerra Civil, Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría que no se ha contado y desde un enfoque distinto. Hay muchísimas novelas sobre este periodo, pero muchas siguen caminos similares. Sin embargo, al investigar, te das cuenta de que hay colectivos de los que apenas se ha hablado. De ahí nace esta historia.
La presenté en Alicante con Marta Pérez Carbonell, que es muy amiga mía y una gran escritora y sabe mucho de literatura. Con ella todo es fácil y cercano. El evento fue en un espacio pequeño pero muy especial, rodeado de referentes literarios como Federico García Lorca, Miguel Hernández, Virginia Wolf, lo que lo hacía aún más bonito. Veníamos además de Sant Jordi, así que estábamos con esa energía tan especial que se genera en torno a los libros. Fue una presentación íntima, pero muy significativa.
Para mí, esta novela supone un paso importante: es mi primera obra con un proceso profundo de investigación previo a la escritura. En ella aparecen figuras reales, como Hannah Arendt, que tuvo que huir de Europa durante la guerra, y se entrelazan elementos como la resistencia y el espionaje.
Al final, es también una novela con ritmo de thriller, que recorre 50 años de historia europea, desde 1939 hasta 1989. Es un viaje a través de distintas vidas y contextos, donde hay mucha oscuridad, pero también momentos de luz. Porque, al fin y al cabo, fue un siglo especialmente convulso.
P: También has estado en Barcelona en Sant Jordi, eso para un autor tiene que ser increíble
R: Era la primera vez que iba a Sant Jordi. Había estado antes en Barcelona por unas jornadas en una escuela de moda, pero días antes, así que no había vivido lo que es realmente ese día. Y es una auténtica locura: hay tanta gente que ni siquiera hay cobertura en la calle. No ves el Paseo de Gracia, ves cabezas.
Como escritor, es un momento muy revelador, porque te das cuenta de lo que es la industria. Hay gente que ya viene con tu libro comprado, incluso empezado, y eso impresiona. Luego están las colas: algunas interminables y otras más constantes, autores que no paran de firmar. Y después están casos como el de Elizabeth Benavent, con colas enormes. Todo eso forma parte del ambiente.
Yo tuve una experiencia muy dulce. Estuve en zonas muy buenas de Barcelona, como Plaza de Cataluña, Paseo de Gracia o la Universidad. También firmé en casetas más alejadas, pero todo suma en Sant Jordi. Sé que no todo el mundo tiene la misma suerte, porque la ubicación influye mucho, pero en mi caso fue muy positivo.
Es un día intenso y cansado, pero se vive con gusto. Cuando alguien viene a verte, te cuenta que ha ido expresamente a por tu libro o que ha hecho un esfuerzo por llegar, es muy especial. Hay mucha humanidad en Sant Jordi: los libros en la calle, las rosas, la gente regalándolas…
Al final, es como un día de los enamorados. La gente compra libros dedicados para sus parejas, amigos o familiares y los regala. Ver a alguien caminando con una rosa y un libro tiene algo muy bonito, muy cercano. Es una experiencia que ojalá pueda repetir.

P: En Sant Jordi coincides con mucha gente, ¿Cómo es coincidir con autores tan famosos?
R: Imagínate: tenía al lado firmando a Elisabeth Duval, a Alice Kellen, que es una referente enorme en la literatura romántica, y un poco más allá a María Dueñas, autora de El tiempo entre costuras, que para mí es un referente absoluto. Me arrepentí muchísimo de no llevar un libro suyo para que me lo firmara, porque tengo casi todos.
También tenía cerca a La Fúmiga y a La Tres Voltes Rebel, con quienes además hice muy buena relación. Es curioso porque en Sant Jordi coinciden autores muy consolidados con otros que estamos empezando, y eso también te pone en tu sitio. Sabes que no eres ellos, pero también entiendes que estás ahí, compartiendo espacio, y que hay gente que se acerca a por tu libro. Y eso ya es algo muy bonito.
Para mí fue una experiencia muy especial. Estar en Plaza de Cataluña rodeado de autores a los que admiras es increíble. Pero también fui con los pies en la tierra. El día de antes, unos amigos libreros me dijeron: “ve sin expectativas, lo que pase estará bien”. Y tenían razón.
Al final, un libro es como algo muy tuyo, pero cuando sale al mundo deja de pertenecerte. Cada lector tendrá su opinión. Por eso es importante mantener cierta perspectiva. Yo sabía que no iba a “arrasar”, pero fui consciente de dónde estaba y de lo que significaba. Firmé bastante y me volví a casa cansado, pero muy feliz.
Además, te das cuenta de que no estás solo. Detrás de un libro hay un equipo enorme: representante, editor, correctores, marketing, comerciales… Mucha gente trabajando para que ese libro llegue a las manos de los lectores. Ningún libro sale adelante sin todo ese proceso.
Por eso, para mí, estar en Sant Jordi significa que hay un equipo que confía en ti. Y solo por eso, ya merece la pena estar allí.
“Como escritor, Sant Jordi es un momento muy revelador, porque te das cuenta de lo que es la industria”
P: Acabas de presentar este último libro, pero tienes algo más en mente para el futuro
R: Sí, acabo de terminar una novela. Me interesa mucho seguir explorando el tema del exilio, especialmente tomando como punto de partida el final de 1938. Sigo en ese contexto, pensando nuevas historias y documentándome en otras líneas.
La novela está terminada, pero aún queda un proceso largo: correcciones con mi representante y, después, el camino hacia una editorial. Es un proceso que nunca se cierra del todo, porque siempre estás buscando tu lugar.
Al final, el ser humano es ambicioso. Cuando empiezas, quieres llegar a ciertos sitios, y cuando lo haces, aspiras a otros. Es algo que pasa en todos los ámbitos, también en el periodismo. Siempre hay un siguiente paso.
Por eso es importante tener a alguien que te acompañe en el proceso, que te ayude a encontrar la casa editorial adecuada y a seguir avanzando.
P: Por último, ¿Dónde se pueden encontrar todos tus libros?
Pues en Mutxamel creo que en Papelería Sala están todos mis libros. El otro día estuve por allí y no sabía que aún quedaban ejemplares de Vestir es soñar. También creo que queda alguno de Supermodelos, y de los más recientes, como La última frontera o Sobre nosotros, debe de haber bastantes porque acaban de salir.
Cuando empiezas, escribes mucho y se te acumulan los proyectos en el cajón. Yo siempre pienso: el día que se acabe todo eso, ¿qué haré? Las ideas siguen apareciendo, pero quizá los proyectos salgan con más tiempo entre uno y otro.
Siempre recomiendo ir a la librería. El libro, al librero; como el pan, al panadero. Ese es el orden natural. Pero también están las plataformas digitales para quien prefiera comprar desde casa. En cualquier caso, ver tu libro en una estantería sigue dando vértigo.
Y luego está la realidad: hay librerías donde funciona mejor y otras donde no. Hay ciudades donde un libro conecta más y otras donde pasa más desapercibido. Es algo normal. El mundo editorial es así, va poco a poco. Como me dijo Rosa Montero, es “tacita a tacita”.
Es un sector complicado, con muchos “no”, hasta que llega un “sí” y todo cobra sentido. Por eso siempre digo a quien publica su primer libro que lo disfrute al máximo, porque ese momento es único. Luego vienen más libros, con la misma ilusión, pero el primero tiene algo especial.
Yo, por ejemplo, con Vestir es soñar tuve casi dos años de promoción. Fue algo muy poco habitual y lo viví intensamente. Seguramente no vuelva a tener tanto tiempo para una promoción así, pero por eso mismo recomiendo aprovechar cada momento.