Pascual Andrés Tévar
En estos tiempos difíciles inundados de vivencias complicadas, de guerras, luchas políticas , luchas de poder, y noticias de violencia en todos los sentidos, considero necesario, yo diría imprescindible, darle un nuevo sentido, de incorporar a nuestras vidas, la SOLIDARIDAD, en todo su sentido, y verdadero significado. Porque la mayoría de la veces, esconde fariseísmo, apariencia, y falsedad, que no se corresponde con todo su verdadero significado.

Es necesario entender que SOLIDARIDAD, es una forma de ver y de vivir la vida, y echando, la vida y lo que me queda de memoria atrás, siempre, de muchas maneras , me he debatido en este mundo, y de alguna manera , y sin buscarlo, he tenido claro, que podía hacer algo por los demás, por intrascendente e insignificante que fuera, pero para mí, era un refugio de recompensa y serenidad , como una buena acción , como decía el cura de mi pueblo, sino como un trabajo bien hecho.
Procedo de una familia humilde y sencilla, y desde siendo un niño, y ya desde el colegio, trataba de ayudar a esos compañeros, que lo pedían a gritos, aunque no me lo pidieran. Y en la calle, para jugar o pelearme con ellos. Y en las noches hermosas y veraniegas de mi pueblo del alma Yecla, les contaba, a los otros niños y niñas vecinos, mis historias, y les podía tanta pasión y emoción, que todos estaban absortos de lo que contaba y como lo contaba. Eso, sin darme cuenta, era solidaridad, bien entendida.
Cuando llego al instituto, y me tengo que trasladar a una ciudad desconocida como Jumilla, también tengo que superar muchas cosas, pero en ese proceso de adaptación, me doy cuenta desde el primer instante, que otros chiquillos, lo estaban pasando mal, en ese proceso de adaptación, llorando escondidos en los recreos, y siento la necesidad de hablarles para consolarles, porque de alguna forma, también me ayudada a mí mismo. Y lo que más satisfacción me daba, es que me buscaran, sin pedírselo, para que les despertaran en el internado, en esas batallas, para afrontar los exámenes trimestrales, o finales. Y sin darme cuenta me convertía, en un vigilante, en un consejero, y sobre todo en un amigo, en el que confiaban. Eso era solidaridad bien aplicada, a mi manera.
Con el paso del tiempo, y en esos pocos años, en la universidad, y viviendo con una buena familia huertana de Murcia, me doy cuenta, que me había equivocado en elegir la medicina, como futuro, pero viví una hermosa experiencia con esa familia, y hasta sentía que era un deber ayudarles, en los que podía, en mis ratos libres, sin que me lo pidieran. Y en el piso alquilado, también hacía lo que podía para mantenerlo en orden y limpio. Aunque no podía evitar los sustos que le daba a la patrona, cuando descubría en la terraza, llena de huesos, que había recogido, con autorización, para mis estudios. Pero, hubo momentos, que me sentía tan solo, y con dolores en las muelas del juicio, que me tomé coñac para calmarlos, hasta el punto de que me pasé, y acabé con una borrachera tranquila, a solas, y alegre, pero como estaba solo, nadie se enteró, ni provoque ningún altercado. En este caso, estaba, sin darme cuenta, había sido solidario conmigo mismo.
Cuando frustrado, por la experiencia universitaria de Murcia, decido, cortar los permisos, es decir las prórrogas, de hasta cuatro, e incorporarme al Servicio Militar. Decisión complicada , porque en esos tiempos estaba conociendo a mi Carmen, y era consciente, que iba a ser casi un trauma, separarme de ella , cuando estaba tan enganchado, en esa pasión, que no me dejaba ni pensar. Pero, con todos los traumas, ingresé en Rabasa, y después tuve que irme a Cartagena, y realizar esa travesía del desierto de quince meses. Y ahí, por cabezonería del Capitán, tuve que hacerme cabo primero. Y claro, era , de alguna manera, como un padre, y me salió, sin quererlo, ese espíritu solidario, para saltarme la rigurosa disciplina, y ayudarle a los que iban llegando, a superar sus miedos, y a concederles alguna que otra vista gorda, cuando se marchaban a casa, y no llegaban a la hora de retreta. En esos momentos, haciendo de tripas corazón, les permitía entrar sin problemas en la compañía, excusándome en su nombre, ante el cuerpo de guardia, para justificar esos minutos de retraso. Y claro, me había rodeado de un grupo, que eran como mi guardia pretoriana, para que no llegara a oídos del capitán, porque, me la estaba jugando, cada fin de semana, Pero ellos, me respondían con su apoyo sin fisuras. Me cuentan, que un día de permiso, en la cantina, haciendo retos, me emborraché de tal manera, que me acompañaron a la cama, y me pase un buen rato, cantando, y diciendo hasta la saciedad VIVA MI NOVIA, menos mal que ahí se quedó la aventura. Eso, también era otra forma de ser solidario.
A partir, de encontrar trabajo en la Asesoría, y descubrir, que mi vocación iba a ser asesor laboral, la SOLIDARIDAD, la descubro de otra forma. En primer lugar, tratando de superarme, para estar a altura del puesto de responsabilidad que me exige, de conocer y estar a la altura de lo que necesitan las empresas, y en definitiva las personas. Y de ser más que compañero, amigo, de los compañeros y compañeras de la empresa. Y de dar antes me lo exijan, aunque me costara noches sin casi dormir, y zozobra y lucha interior sin limitaciones. Pero la entrega, el sacrificio, y la superación, tenían respuesta, y me compensaban, cuando percibía, que sentía que el trabajo estaba bien hecho, pero sin ningún conformismo, porque había que estar a la altura cada día, sin protagonismos, con humildad, y siendo, siempre, parte de un equipo. Eso también era otra forma de ser solidario.
Cuando llega el tiempo de formar una familia, con la compañera de mi vida, los retos vienen solos, y entonces toca, saber compaginar el trabajo exigente y sin límites, con el de la familia. Y había que encontrar el equilibrio, y cuando no sabías como, había que sacar el espíritu solidario, y pensar en todos los demás antes que en ti mismo. Y por complicado que fueses, siempre tenía la oportunidad, de aportar soluciones, sin poner límites a los horarios, y a los sacrificios, porque las razones eran tan poderosas, que te llevaban a luchar sin descanso. Esa era otra forma de ser solidario, y de estimularte para seguir adelante cada día. Pero nada hubiera sido posible sin Carmen a mi lado, Ella era y es el ancla infinita, que me sacaba de la ansiedad agobiante del trabajo, y me volvía a intentar se padre, con todas las consecuencias, de mi Hija y de mi Hijo, y vencer todos los retos, por complicados que fueran, y eso nunca hubiera sido posible, sin Ella a mi lado. Eso, también es saber transmitir SOLIDARIDAD, y a su vez compartirla.
Con el paso de los años, encontré el camino de la Peña Madridista San Vicente del Raspeig, y rodeados de amigos para siempre, y con el espíritu de aportar, sin esperar nada a cambio, inicié esa hermosa aventura. Y me ha servido para descubrir, que forma parte de la Peña, como simple socio, y después como parte de la junta directiva, y que me convirtiera en presidente, me ha servido, para vivir de otra forma la vida, para pensar en los socios y en sus familias, y para reinventarme, para trabajar, para que la filosofía del madridismo, en la que siempre he creído, me llevara a hacer mi trabajo, y que la mejor compensación, ha sido y es, de tener la oportunidad de vivir unos valores, y poder compartirlo con los Peñistas, y con los que considero mis amigos del alma. Eso era descubrir otro camino de ser solidario.
En el camino de la vida, siempre, he sentido la necesidad, de poder ser solidario , a mi manera, y en silencio, y desde hace muchos años, que ya no lo recuerdo bien, soy socio de Unicef, estando actualmente con una módica cuota mensual, pero me siento satisfecho, cuando recibo una carta , que me dice, para que sirve mi ayuda. Esa es la mejor recompensa, sin nombres ni protagonismos, simplemente saber que estás poniendo tu grano de arena. También colaboro dentro de mis posibilidades, con otros Organismos solidarios, con aportaciones puntuales. Pero en definitiva, esa forma de ver la vida, que la llevaba en mis genes, y en la herencia del ejemplo de mis Padres, siempre ha formado parte en mi forma de ver, de vivir, y de compartir la vida, en todas sus consecuencias. Y por lo tanto, no se trata de ningún mérito, más bien se trata, de una forma de agarrarse a un valor como es la SOLIDARIDAD, que te hace, reflexionar seriamente, cuando todo se tambalea, para seguir el camino, con ilusión, bajo la increíble luz mediterránea.