
El Convento (hospedería) de la orden de la Merced en El Campello es un archivo histórico patrimonial del Municipio. Lo es porque a pesar del abandono sus piedras rezuman historia. Una historia que el pueblo prefiere olvidar.
A menudo leemos o escuchamos alguna pincelada, en clave protesta, sobre la primera pila bautismal del camino real Cartagena – Valencia, a su paso por El Campello, pero todo es fugaz y las palabras parecen ser absorbidas por «la nube virtual» y perderse en la nada» terrenal».
Hablar del Convento, para mí es personal. Lo es aunque ni un palmo de esa » maldita tierra» haya pertenecido a mis apellidos. Digo «maldita» porque es la palabra con que la definen los ancianos que han sido «mis fuentes» y alguno lo sigue siendo, incluyendo algún propietario.
Es triste insistir cuando es sabido que su restauración » no la verán mis ojos», que es tanto como decir » mi generación».
El Municipio está necesitado de restauraciones tan primordiales como son: adecentar colegios, asfaltar calles, restituir bancos, alcantarillado y, una lista muy larga en total abandono. Demasiado larga en promesas incumplidas. Algunos dirán: ¡ La piscina! Si, también. Y el monumento al pescador, la fuente del centenario…cierto. También todo eso es primordial. Sin embargo de todo lo nombrado, incluso lo, por nombrar … el Convento » la lleva clara».
¡Qué le vamos a hacer si los campelleros somos así!
Ésta expresión, linea arriba, no es para criticarla porque si. Hay que analizar su sentido. A estas alturas de la vida no hay que poner el grito en el cielo por estas, mis palabras sobre parte de nuestra idiosincrasia …¡somos así!
Culpamos a los equipos de gobierno que, aún sucediéndose nunca han movido ficha. Ni siquiera la iglesia se manifiesta…y mira que a la curia le gusta guardar y recuperar tesoros rubricados con crucifijos.
Cierto que los apellidos de origen conocemos las historias que encierran esas humildes paredes y es preferible pasar de largo por el camino que allí nos lleva.
» Aquel camino verde que va a la ermita/ que por el valle se pierde con mi triste soledad». Como cantaba José Feliciano.
No, ya no hay, ni abra, una ermita donde rezar, aunque se mueran las azucenas y dejen de crecer las amapolas, emigren las palomas, que, en su cúpula anidaban…ya ni tejas se dibujan, ni una campana para llamar a maitines. La Virgen de la Merced ofrecía pan y agua a los caminantes y carreteros…los frailes Mercedarios curaban las llegas de sus pies y abrevaban las bestias de carga.
Lo que si hay, hoy en día, son unas cerchas de acero que sostienen lo insostenible. En eso si hubo voluntad.
Cuando me atrevo a afirmar que «somos así – que es tanto como decir: «somos culpables de este abandono», también es una frase recuperada de la «voz en sordina» que camina con nosotros por las calles del pueblo y se detiene en cualquier esquina. Lo sabemos, lo decimos, pero no lo manifestamos. Levantar el hombro no es beneficioso para nada. Cada monumento del Municipio…cada piedra, pertenece a nuestra historia…es nuestra casa.
» El patrimonio cultural es el legado del pasado que nos da identidad en el presente y debe estar protegido para las generaciones futuras, siendo una fuente irremplazable de vida e inspiración, un derecho humano y un pilar de nuestra memoria colectiva». La Unesco destaca que són lugares de » valor Universal excepcional ( 1972).
No, lo verán mis ojos… pero hoy aún puedo apoyar con palabras de AMOR las ruinas del Convento, tanto en artículos de opinión , y mejor aún poemas… y decir a quienes pudieron hacer más y no hicieron, en definitiva el pueblo: «No es el honor lo que te llevas contigo, sino el legado que dejas».