
Libro interesante el que se presentó ayer, en la sede del Instituto Cervantes de Madrid, sobre los estudios y textos que realizó Rafael Altamira a partir de la obra de Miguel de Cervantes, autor del libro más internacional de las letras españolas: “El Quijote”.
El objetivo de las más diversas institucione alicantinas y españolas se centra ahora (después de haber sido repatriado su cuerpo desde México al Cementerio Municipal de El Campello), en estudiar el pensamiento y obra del jurista dos veces propuesto para el Nobel de la Paz, en los más diversos aspectos del conocimiento que dominó como pocos intelectuales.
“Rafael Altamira y Cervantes” es el título del libro, editado por el propio Instituto Cervantes y presentado ayer en su sede, con presencia de numerosos familiares de Altamira y una amplia delegación de autoridades de El Campello, con el alcalde Juanjo Berenguer a la cabeza. Los autores son la catedrática de Literatura Hispanoamericana, Eva Valero, y el doctor en Filosofía y Letras Ignacio Ramos, bisnieto de Altamira.
Eva Valero reseñó en la presentación que el encargo recibido por el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, consistió en desgranar la dedicación de Altamira a Cervantes en un conjunto de textos. “La idea era magnífica”, señaló Valero, “pero en aquel momento teníamos localizados solo algunos de esos textos, así es que nos pusimos rápidamente manos a la obra, con el propósito de encontrar el mayor número posible de los textos cervantinos de Altamira, lo cual fue verdaderamente dificultoso”.
Tras muchos avatares, los dos autores lograron rescatar publicaciones antiguas y el legado de Altamira, repartido entre la Residencia de Estudiantes y el Instituto Jorge Juan de Alicante, además del producto de las investigaciones de Asunción Esquembre.
Este libro tiene un precedente, pues en 1948, desde su exilio en México, el propio Altamira reunió algunos de estos escritos en un volumen publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México con motivo del cuarto centenario del nacimiento de Cervantes en 1947. Bajo el título “Homenaje a Cervantes”, en él participaron varios intelectuales mexicanos y españoles en el exilio, entre ellos el filósofo José Gaos.
Cuando los autores consiguieron acceder a aquel compendio de 1948, se encontraron en el final del último texto, y cerrando el volumen, “algo que realmente nos conmovió: una declaración en la que Altamira dejó escrito su deseo de que en el futuro se hiciera una recopilación completa de sus textos cervantinos, ya que a él le faltaban algunos de ellos entre las carpetas que había podido llevar consigo hasta México”.
APASIONADO DE LA LITERATURA
A pesar de dedicarse toda su vida a la historia, la enseñanza universitaria y las leyes, Altamira fue un apasionado de la literatura desde niño, y su primera aspiración fue la de ser escritor. En su juventud escribió obras literarias en prosa como Cuentos de levante (1895) y la novela Reposo (1903), inspiradas en los paisajes de su infancia y juventud, de El Campello y Alicante. A ello hay que añadir que realizó una incansable labor como crítico literario en las más diversas revistas y periódicos de España, Europa y América.
Su clarividencia con respecto a este alcance universal de Cervantes, profundamente anclada en una concepción del mundo de Altamira cuyos resortes principales eran la libertad, la tolerancia, la bondad, el amor al prójimo y en general al ser humano, estarían presentes en los desarrollos posteriores de Altamira con respecto a Cervantes y El Quijote hasta casi el final de su vida.
Altamira puso todas sus fuerzas en la solidaridad, el entendimiento y la concordia entre los pueblos, sobre todo en su etapa como uno de los once primeros jueces del Tribunal Permanente de Justicia Internacional de la Haya desde 1921 hasta 1940, aunque estas fuerzas se viesen mermadas por una historia bélica de España y de Europa inasumible para quien terminó siendo emblema del pacifismo. “México fue el asilo en el que vivir esa libertad por cuya privación en España no pudo nunca plantearse la posibilidad del regreso”, enfatizó Eva Valero.
Por su parte, Ignacio Ramos Altamira señaló en la presentación que la relación de su bisabuelo con Cervantes “nos fascinó desde el principio”, y por ello ambos han dedicado un año de trabajo a estudiar esa faceta del intelectual.
Ignacio Ramos aportó datos interesantes, como que en el año 1914 Rafael Altamira alcanzó la presidencia de la “Liga Cervantina Universal”, que a todos los efectos se considera el germen del actual Instituto Cervantes.
El director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, intervino en el acto para destacar que “la figura de Miguel de Cervantes ocupó un lugar central en el pensamiento de Altamira, quien supo leer el Quijote desde su dimensión profundamente humana, destacando la lucha por la justicia, la dignidad y la convivencia que subyace incluso bajo las aparentes locuras del personaje, valores que el director identificó como el núcleo de la herencia cervantina”.