LA POESIA DE DON GIL AZORIN Y SU ENFOQUE VITAL

Pascual Andrés Tevar

Cuando estaba en el INSTITUTO Arzobispo Lozano en el inicio de los años 70, es decir hace más de 56 años comencé a escribir poesías, que ya he hecho llegar algunas de ellas a través de esta hermosa y libre ventana de SOMOS RASPEIG, y les ponía el seudónimo de DON GIL AZORIN . Y ahora, quiero reflexionar sobre lo que hace más de ese tiempo que eran mensajes de un chico romántico, y que ahora me ayudan a intentar entender esa etapa de juventud y estudios, buscando mi camino en la vida, y en el desafío del futuro.

La poesía es compañera de viaje cuando siendo un veinteañero, conocí a la mujer de mi vida, y como la timidez, me dejaba sin palabras, me refugié en esos poemas, que DON GIL AZORIN, me sacaba a relucir, y me daba argumentos para conectar con ella, con cierto romanticismo. Y me hacía, a mi manera, de sentirme más seguro de mí mismo.

La poesía, cuando estoy en el servicio militar, era el refugio perfecto, para a través de mis cartas, llenas de pasión, le hacía llegar a la novia, que intentaba convertirla en la mujer de mi vida, pero que sentía la necesidad, y hasta la obligación, de luchar más mejor, para merecerla. Y el camino se hacía, muy largo, pero me apoyaba en las cartas, para intentar conectar mejor que con mis palabras inseguras.

La poesía, fue también, el hilo conector, cuando empecé como un total inexperto, en la misma empresa, pero en otra sección, y dada mi implicación, por ganarme un puesto de trabajo, apenas tenía miradas con la novia queriendo, que se convirtiera en la compañera de mi vida. Pero, estaba todo tan lejos. Que solo me dejaba, los fines de semanas, para buscar un rato para estar juntos. Porque el trabajo absorbente, y nuestras familias lo controlaban todo. Aquellos tiempos lo ser libre, era entrecomillas, pero nos apañábamos para tener nuestros buenos e intensos ratos, aunque fuera sin luces en la escalera de su casa.

La poesía, a su manera, iba haciendo su trabajo dentro de mi mente y mis pensamientos, y me llevó a decidir, a decidirnos, de dar el paso a unirnos en matrimonio, claro está porque teníamos un trabajo al que responder ante el compromiso, que era , y era un reto, y la única herencia de nuestras familias. Aquellos tiempos, al recordarlos, me hacen reflexionar, que entonces, a pesar de todas las dificultades, tener un trabajo, hacia posible, tener una vivienda, humilde pero adecuada, y emprender una hermosa y libre aventura, junto a la entonces compañera de trabajo y de mi vida. Y si lo veo, en los tiempos actuales, me parece un sueño, primero por la misión imposible de tener una vivienda, segundo por atreverse a formar una familia, y tercero, por poder mantenerla, no solo en lo económico, sino en la estabilidad de mantenerla en el tiempo, Se quedan tantos en el camino, que se ha hecho complicado formar una familia, tener hijos, en su caso uno, y separarse, no dando ni tiempo, a una replanteamiento sereno, para seguir adelante, Lo que empieza intenso, y para toda la vida, se vuelve desestabilizado, es como decía un amigo, que el árbol parece muy grande y fuerte, y con las raíces profunda, y a la primera tempestad, se viene abajo. Y entonces, me levanta la moral, que nosotros, estemos pilotando y navegando juntos más de 48 años, Lo que demuestra que algo hemos hecho bien, y me lleva, que todas las tempestades, y aseguro que han sido muchas y complejas, nunca han conseguido, tumbar nuestra fe y nuestro amor, y ser capaces de mantenerlo vivo, motivado, y sereno. Para que aquel árbol de esos jovencitos veinteañeros, siga, a nuestra manera vivo, y con motivos para seguir con ilusión el camino.

La poesía, a su manera, me ha hecho, formar una familia hace más de 48 años, y claro, esa es otra larga historia, pero ahora no quiero entrar en ella, simplemente, el hecho de haber sido capaces de formarla, de resistir toda clase de tempestades, y de ver que el tiempo, ha hecho que nos sintamos orgullosos, de haber estado a la altura de los retos, nos da aliento de seguir adelante. Ahora, con nuestros setenta y tanto años, combatimos nuestra soledad, en nuestra vivienda, que se hace inmensa, en el largo pasillo, y en la hermosa terraza, de la que nos sentimos orgullosos de haberla ganado con nuestros trabajos. Pero que por otra parte, después de nuestras jubilaciones, nos enfrentamos a limpiarla cada semana, y cada rato, y con nuestros achaques, va siendo un desafío gordo, pero bueno, lo planificamos por escrito, y tratamos de cumplirlo, aunque se quedan algunos asuntillos, que vamos resolviendo como podemos. Pero, la mantenemos sana y con buena armonía.

La poesía me hace, que cuando conversamos, en la calma de nuestro hogar, siempre, hay motivos para estar atentos, yo más como escuchante que ella, porque saber contar la historia de la vida, con una sabiduría de vivir y compartir, y aunque la memoria nos traiciona, siempre tenemos el recurso de buscar en internet con el móvil, y dar con el nombre, aunque muchas veces viene con una inspiración. Y entonces, recuerdo, que hace muchos años, en el despacho de la asesoría, era capaz de recordar el nombre completo y los teléfonos de casi todos los clientes, y hasta hacía como el manual de consulta de los compañeros y compañeros del despacho. Y ahora, no soy capaz de recordar ningún móvil que no sea el mío, aunque por otra parte, tengo la agenda del móvil, con su larga lista en el tiempo de más de 686 números.

La poesía, me ayudó a encontrar el camino del trabajo, y de mi vocación, que junto con el amigo del alma, lo hicimos parte y forma de vivir, y que me ha traído hasta aquí, después de más de 45 años de aventura. Y en consecuencia, me ha hecho persona, ciudadano, y ser capaz de trasladar a través del trabajo, mi forma de ver y compartir en libertad, los valores en los creo, y de los que me alimento, para aportar mi grano de arena , a un mundo convulso, donde cuesta encontrar la serenidad, y con nuevos desafíos, a los que enfrentarse cada día, superando miedos, dudas, sufrimientos, y retos, que al fin y al cabo, le dan sentido a lo que somos, y a lo que queremos dar forma de legado para el futuro.

La poesía , ahora que estoy en el lado de la jubilación, en todas sus consecuencias, y con un poco más de tiempo, para detenerme a pensar, a meditar, la dejo en su lugar de ese joven que se disfrazaba de DON GIL AZORIN, y me vuelve a inspirar los buenos, y desafiantes, y desconocidos momentos, de mi vida, y me sirve, para levantar el ánimo, a trompicones, pero con algo , que con solo recordarlo, me levanta la moral, y que me sitúa, en el lugar al que me ha llevado la vida. Y no me arrepiento de nada, pero determinados momentos , han quedado tan incrustados en mi corazón, que solo pensar en ellos, me da el sentido para vivir, para seguir caminando por la vida, como mis vivencias en mi Yecla de niño, mis vivencias como el estudiante del instituto Arzobispo Lozano de Jumilla, mis vivencias conociendo a la compañera de mi vida, mis vivencias, como formar la familia, mis vivencias como trabajador y emprendedor, y asesor, y ahora mis vivencias como jubilado, que se agarra al inconformismo, y quiere conquistar nuevos retos, que mantenga vivo el espíritu del poeta.

La poesía, me traslada, a la pasión de toda una vida, desde el niño con las chapas de Di Stéfano, y es la pasión del Madridismo, que he cultivado de muchas maneras, desde ver en televisión como podía las primeras Copas de Europa en mi querida Yecla, siendo un niño entusiasta, hasta formar la PEÑA MADRIDISTA SAN VICENTE DEL RASPEIG, y hasta llegar a ser Presidente de la misma. En todo el camino, el POETA, siempre ha estado conmigo, porque vivir y sentir el Madridismo, es para mí una forma de ir por la vida, eso sí, acompañado siempre por sus valores, y su filosofía de vivir y de compartir. Y tengo el honor de compartirla y vivirla cada día con los Amigos de toda una vida, y sentir el empuje infinito, que me hace tener ilusión y fe para seguir adelante cada amanecer.

Así que, puedo preguntarme qué sentido tiene la POESIA para escribir este artículo, porque deje de escribir poesías desde que era un veinteañero, pero de alguna forma, me ha servido, para ver la vida de otra manera, y ponerle un poco de emoción, y de ganas de vivir y de compartir con mi compañera, con mis hijos, con mis amigo del alma, y con mis amigos y amigas, y con el mundo. Y en consecuencia, me aferro a ese amuleto, que me ayuda, y me inspira, y me alienta, con el empuje de nuestra increíble luz mediterránea.

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