Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, recordamos que la igualdad entre mujeres y hombres no es solo una reivindicación histórica, sino un objetivo que todavía tenemos que seguir construyendo día a día. También aquí, en San Vicente del Raspeig.

Puede parecer que muchas batallas ya están ganadas. Las mujeres estudian, trabajan, participan en política y están presentes en todos los ámbitos de la sociedad. Pero la realidad sigue mostrando que las cosas no son tan sencillas: persisten las brechas salariales, muchas mujeres cargan todavía con la mayor parte de los cuidados y la violencia machista continúa siendo una de las mayores injusticias de nuestro tiempo.
Por eso el feminismo sigue siendo necesario. Y desde una visión socialista lo tenemos claro: la igualdad no llega sola, se construye con políticas públicas, con servicios públicos fuertes y con decisiones valientes que mejoren la vida de la gente.
Cuando hablamos de igualdad hablamos también de empleo digno, de conciliación real, de escuelas infantiles accesibles, de transporte público, de seguridad en nuestras calles y de oportunidades para que las mujeres jóvenes puedan desarrollar su proyecto de vida sin obstáculos. En definitiva, hablamos de justicia social.
En municipios como San Vicente del Raspeig, donde conviven generaciones distintas y una población joven muy importante gracias a la universidad, el compromiso con la igualdad tiene que formar parte del día a día. Significa educar en respeto, apoyar a las asociaciones que trabajan por la igualdad y seguir impulsando políticas municipales que ayuden a que nadie se quede atrás.
En este camino hay diferencias claras entre proyectos políticos. Mientras desde posiciones progresistas defendemos políticas activas de igualdad y recursos para combatir la violencia machista, otros partidos cuestionan directamente estos avances. Vox niega la existencia de la violencia de género como un problema específico y propone eliminar leyes que protegen a las mujeres. Y el Partido Popular, en demasiadas ocasiones, ha cedido a esa presión o ha mostrado una preocupante falta de firmeza en la defensa de estas políticas.
La igualdad no debería ser un campo de batalla ideológico, pero lo cierto es que lo es. Porque defender la igualdad implica tomar decisiones: invertir en políticas públicas, proteger derechos y no dar ni un paso atrás frente a quienes quieren recortarlos.
Las generaciones más jóvenes lo saben bien. Cada vez hay más chicos y chicas que entienden que el feminismo no es una lucha contra nadie, sino una apuesta por una sociedad más justa, donde todas las personas tengan las mismas oportunidades.
El 8 de marzo no es solo una fecha para recordar lo que se ha conseguido. Es también una invitación a mirar hacia adelante y a preguntarnos qué tipo de sociedad queremos construir.
En San Vicente del Raspeig lo tenemos claro: una ciudad más igualitaria es también una ciudad más libre, más justa y con más futuro.