
Ha pasado ya más de la mitad de la legislatura y la realidad de nuestro municipio es tozuda. Mientras los problemas cotidianos de los vecinos siguen ahí —en las calles, en la falta de servicios y en las promesas incumplidas—, el equipo de gobierno parece haber despertado de un largo letargo. Pero no lo hace por vocación de servicio, sino por puro cálculo electoral.
Desde XEC, tenemos memoria. Fuimos el primer grupo en votar en contra de los presupuestos iniciales de este mandato. En aquel momento, se nos acusó de «bloquear el progreso», pero nuestra decisión no fue un «no» a las inversiones, sino un «no» a la fantasía. No podíamos ser cómplices de unas cuentas irreales, infladas y diseñadas para el titular de prensa más que para la ejecución real.
Hoy, el tiempo nos ha dado la razón. Aquellas inversiones estrella que justificaron sus presupuestos siguen guardadas en un cajón o, peor aún, se presentan ahora de nuevo como «novedades» a pocos meses de las elecciones. Es el viejo truco de vender la misma moto dos veces: primero como promesa y ahora como esperanza desesperada.
Cada vez que desde XEC señalamos esta falta de gestión, el equipo de gobierno recurre al mismo mantra para intentar deslegitimarnos: «Ustedes votaron en contra».
Sí, votamos en contra de la irresponsabilidad. Votamos en contra de presupuestos que sabíamos, por pura lógica técnica, que no se iban a cumplir. Y el balance actual —con una ejecución presupuestaria mínima y los problemas de la gente intactos— demuestra que nuestra postura fue la única honesta.
Gestionar no es anunciar; gestionar es hacer realidad. Vender falsas expectativas ahora, tras años de parálisis, es una falta de respeto a la inteligencia de la ciudadanía.
En XEC seguiremos trabajando con los pies en el suelo, defendiendo inversiones que sean posibles y exigiendo que el dinero de todos se use para solucionar problemas, no para financiar campañas de imagen.
Porque a mitad de camino ya no valen las excusas, y a estas alturas, ya todos sabemos distinguir entre un proyecto de futuro y un simple interés electoral.