Pascual Andrés Tévar
Cuando en enero de 2024 pasé a ser un jubilado con los 73 años a cuestas, lo hice convencido de que la vida me iba a cambiar, pero pensaba, que al no tener la ansiedad del trabajo de asesor laboral y de la condición de responsabilidad empresarial, compartida con mi amigo del alma Javier, iba a vivir la vida relajado, tranquilo, sereno, y poniéndome, a mi personal manera, los retos y los desafíos para establecer una nueva filosofía de vivir y de compartir.

Con el paso de los meses, fui detectando, que estaba totalmente equivocado, en mis previsiones de futuro, y que las circunstancias, me iban a poner en el sitio real al que me tenía que enfrentar. Es decir, los controles médicos, y sus consecuencias, después de enfrentarme a una neumonía bacteriana, de pasar por el hospital, en los meses finales de 2024, y otra atípica de 03-2025. Desde esos episodios, los controles médicos, se establecían por obligación cada seis meses. Y es ese momento, cuando aparte de la limitación física para seguir haciendo las largas caminatas, aunque ya iba recortando, poco a poco antes de las situaciones de las neumonías,, pero que eran de más de horas y media de los fines de semana, normalmente el domingo desde el amanecer de las 6 de la mañana, por las rotondas de San Vicente del Raspeig, a San Juan de Alicante. Y toda esa buena costumbre, se queda, después de los antes citados procesos de neumonías, definitivamente, en el pasado. Y tengo necesariamente que conformarme, con caminar, a mi manera, una hora cada día, sumando caminatas cortas de 15 minutos más o menos cada una, coincidiendo con ir a desayunar, a almorzar, y a comer cada día. Y es ese momento que empecé a entender, que no era yo el que elegía la situación, sino que la vida me la imponía. Y que lo mejor, era, aceptarlo, como filosofía de vivir en adelante.
Al principio, reconozco, que me costó adaptarme, que superadas las neumonías, volvería a ser el mismo, que antes de jubilarme, pero estaba equivocado, lo que necesitaba entender, que ese era el aviso, de que mi vida, ya nunca, iba a ser como antes. Y encima todo se iba corroborando, con los controles médicos, que la Doctora me transmitía, que había de cuidar la próstata, es decir fuera el alcohol, y las carnes rojas, y demás, que me dejaban sin una parte importante de mis pasiones culinarias. Y no se quedaba ahí la cosa, había que cuidar el azúcar, así que fuera el afán goloso de algunos postres. Y había que cuidar el corazón, asa que había que controlar el colesterol. En consecuencia, me cuesta un desafío, pero me mentalizo, y voy quitando, muy a mi pesar, una parte de mi vida anterior, y me adapto, con todos los retos en mi mente, a una nueva vida. Y además me comprometo, a tomar una pastilla diaria contra el colesterol, y sobre todo a cuidarme, y en consecuencia, a tratar de entender, que se estaba abriendo un camino, en mi vida, sin marcha atrás.
Por otra por otra parte, empiezo a lo largo de 2024, a sentir molestias en ambos hombros, y después de radiografías, la doctora me informa, que tengo desgaste importante en las citadas articulaciones. Y pienso que son consecuencias, de toda una vida de trabajo en el despacho, mal sentando, y con movimientos mal controlados, han pasado factura, y entiendo, que más de 48 años, realizando posturas raras, con el teléfono, con la pantalla del ordenador, y con los papeles, tienen la culpa. Y acepto las consecuencias. Y ahora toca, ver lo que puedo hacer para convivir con el dolor. Y con el paso de los meses, me informan que tengo que hacerme resonancia magnética, para saber cómo ayudarme, Y mientras tanto, las noches, son largas, y molestas, y dormir es toda una aventura, pero al menos intento descansar. Y menos mal, que me levanto temprano, como cuando trabajaba, y también tengo entretenimiento en mi despacho en casa.
Para cerrar el círculo de los controles, el pasado mes de febrero 2026, en una consulta en la óptica, me dijeron, que antes de cambiar de gafas, fuera a consultar a un oftalmólogo, y en una consulta privada, me diagnosticaron cataratas en ambos ojos, por lo que tengo otra cita más con la sanidad pública, porque la economía tiene que estar controlada. Por lo cual, se amplia, el asunto de los controles médicos. Menos mal, que ya estoy mejor mentalizado para lo que este por venir. Al fin y al cabo, todo este proceso, me ha llevado a la conclusión como decía el filósofo, que soy yo y mis circunstancias. Y me lo estoy tomando con normalidad, por una parte porque no me queda otra, y por otra, por que no quiero que todas estas historias me cambien tanto la filosofía de vivir, que no me dejen que me reconozca. Y eso, lo llevo bien, porque sigo haciendo la vida, a mi manera.
En consecuencia, se ha normalizado en mi vida y forma parte, los controles médicos, los dolores controlados, y las insuficiencias físicas, y con el paso del tiempo, y con mucho ahínco, estoy consiguiendo, que no me afecten a mi estabilidad emocional y psicológica. Es decir, y esa es la meta que con humildad aconsejo, sepa aceptar que hay situaciones que son irreversibles en el cuerpo, pero que te permite seguir con tu vida y tus secuelas, pero que hay trabajar duro por mantener la mente y el espíritu a salvo. Y es una buena filosofía, porque como dicen los buenos pensadores “la felicidad está en los valores de la serenidad interior, y que la felicidad se trabaja todos los días, sin esperar nada a cambio, sino saber buscarla de verdad, con la vida auténtica, en libertad, sencilla, y a tu manera”. Y aceptando, con todas las dudas y razonamientos mentales, que cueste lo que cueste, tengo adaptarme, y seguir adelante.
Así que, sigo con la conexión, a mi manera con mi amigo del alma, y compañero de la aventura del trabajo. Sigo, con los amigos de la Peña Madridista San Vicente del Raspeig , sigo con la pasión por mi compañera de vida Carmen, por mi hija Rebeca, y por mi hijo David, y por la familia. Sigo con las rutinas de los almuerzos, y comidas, y las tertulias. Sigo con la aventura de la Peña Madridista San Vicente del Raspeig, y su buen desafío, y las exigencias tecnológicas, que me pone a prueba cada día, y, que al final, tengo un buen Equipo que me acompaña siempre. Y sigo abierto, a nuevos desafíos y aventuras de la vida, y de lucha, de sacrificio, y de superación, y siempre bien acompañado, y empujado hasta el infinito por nuestra increíble luz mediterránea.