NI PARQUE NI ALCALDE NI NÁ El Campello o la degradación de lo público – José Ramón Martínez Riera

En 1975, el año de la muerte de Franco, Víctor y Diego lanzaban El parque. No era solo una canción, era un retrato social de un país que empezaba a despertar tras casi cuarenta años de dictadura. Una España en blanco y negro donde la libertad apenas se intuía y donde los espacios cotidianos reflejaban, con crudeza, el modelo político dominante. “Hay un parque aquí en mi barrio que esto no es parque ni es ná”, cantaban. Y en esa frase se condensaba algo más que el abandono de un lugar físico, se expresaba la ausencia de ciudadanía.

Aquella España mantenía en sus pueblos y ciudades alcaldes del régimen, todos hombres, designados y no elegidos, cuya función no era mejorar la vida de la gente, sino preservar el orden establecido. No había participación, ni escucha, ni voluntad de construir comunidad. Tampoco había interés en generar espacios de convivencia. Porque un parque no es solo un conjunto de árboles y bancos, es un lugar donde las personas se encuentran, conversan, piensan, descansan y, en definitiva, ejercen su condición de ciudadanía. Y eso, en una lógica autoritaria, resultaba incómodo.

Por eso muchos de aquellos parques, cuando existían, eran espacios sin vida, sin cuidados, sin sentido. Lugares que estaban, pero no eran. Como tantas otras cosas en aquella España.

Han pasado más de cincuenta años. España es hoy una democracia consolidada. Elegimos a nuestros representantes y, en teoría, lo hacemos en función de sus propuestas, su capacidad de gestión y su compromiso con el bienestar colectivo. Ya no hay alcaldes designados, sino alcaldesas y alcaldes elegidos. O al menos eso debería marcar la diferencia.

Sin embargo, hay realidades que invitan a preguntarse cuánto hemos avanzado realmente. Porque hoy, en El Campello, hay un parque que tampoco es parque ni es . El parque central, que debería ser el corazón comunitario del municipio, se encuentra en un estado de abandono difícilmente justificable.

Pero el problema no es solo el parque. El problema es que hay un alcalde que tampoco es alcalde ni es . No lo es cuando incumple de manera sistemática sus promesas electorales. No lo es cuando permite el deterioro de los recursos comunitarios en lugar de protegerlos. No lo es cuando mantiene instalaciones deportivas y espacios municipales cerrados o en condiciones lamentables. No lo es cuando la accesibilidad brilla por su ausencia, cuando la limpieza se limita a lo que ve el turista o cuando la gestión se reduce a una fachada pensada más para quien viene que para quien vive, entre otras muchas carencias.

Y, sobre todo, no lo es cuando desprecia de manera reiterada a su propia ciudadanía.

Porque gobernar no es resistir en el cargo. No es acumular años de mandato como si el tiempo, por sí solo, legitimara la inacción. Gobernar es escuchar, responder, cuidar y rendir cuentas. Y nada de eso parece formar parte del estilo de quien, tras más de dos décadas al frente del municipio, actúa con una mezcla de indiferencia e insolencia ante las constantes reivindicaciones vecinales.

Porque este alcalde, que no es alcalde ni es , parece haberse quedado anclado en otra época. Como si aún habitara en la España que retrataban Víctor y Diego, o, peor aún, en la del dictador que algunos tratan hoy de blanquear y resucitar a base de falacias, mentiras, bulos y populismos trasnochados. Un imaginario con el que, además, no duda en pactar para mantenerse en el poder, contribuyendo así a consolidar un modelo de municipio que ya, ni es pueblo, ni es .

La ampliación del vertedero con impacto directo sobre la salud de la población y del entorno no es un detalle menor. Es una decisión que habla de prioridades. Que configura un modelo de municipio que deja de ser comunidad para convertirse en simple escaparate. Un lugar pensado para ser consumido, no para ser vivido.

Y en ese tránsito, El Campello corre el riesgo de dejar de ser pueblo para convertirse en algo que tampoco es pueblo ni es .

Por eso, es legítimo preguntarse si este es el pueblo que queremos. Si estamos dispuestos a aceptar la degradación progresiva de nuestros espacios, de nuestros servicios y, en última instancia, de nuestra calidad de vida. O si, por el contrario, ha llegado el momento de cambiar la letra de la canción y de quien la mantiene viva.

Se trata de reconocer que la democracia no se mide solo por la posibilidad de votar, sino por la calidad de lo que se construye después. Por la capacidad de transformar los espacios en lugares habitables y saludables, de convertir los recursos en bienestar y de hacer de la gestión pública un ejercicio de responsabilidad.

Porque un parque no es solo un parque. Un alcalde no es solo un cargo. Y un pueblo es nuestro mayor patrimonio.

Somos podcast

Aquí mi espacio

Remeicar Alicante

Diputación Alicante

Aguas de Alicante

Ayuntamiento de Sant Joan d'Alacant

Somos podcast

AYUNTAMIENTO DE EL CAMPELLO

El tiempo en San Vicente del Raspeig

CONSORCIO TERRA

Cableworld San Vicente

EVEALIA

Cableworld El Campello

Lasaroca

GRUPO
COSTABLANCA HTS

El tiempo en Mutxamel

Cartelería cine La Esperanza

Cableworld Sant Joan y Mutxamel

¿Buscas un plan?

OCIO ALICANTE

Somos L'Alacantí

Lo último