
Hay una máxima en la gestión pública que parece haber caído en el olvido en nuestro Ayuntamiento: lo que no se cuida, se pierde. En El Campello, la falta de mantenimiento de las instalaciones municipales ha pasado de ser un problema puntual a convertirse en una negligencia crónica. Mientras el equipo de gobierno parece más ocupado en la próxima foto o en anunciar lo que “se va a hacer”, la realidad que viven los vecinos es de un abandono indignante.
El ejemplo más sangrante lo encontramos en el Centro Social. Es el hogar de nuestra tercera edad, un colectivo vulnerable que merece respeto y bienestar. Sin embargo, llevan más de dos años sin aire acondicionado. Sumen a eso ascensores que fallan y puertas que no funcionan. Es un trastorno constante para quienes más necesitan una administración que les cuide, no que les ignore.
Pero el deterioro no se detiene ahí. El Pabellón Municipal, por donde pasan miles de usuarios cada semana, suma ya dos años sin agua caliente. ¿Cómo es posible que en pleno 2026 permitamos este nivel de precariedad en una instalación de referencia?
La situación en el Polideportivo El Vincle roza el absurdo. En el Campo A, el riego lleva dos años inoperante. Y ahora, el Campo B se suma al caos: ni riego, ni agua caliente. Esto no es solo una molestia presente; es una hipoteca para el futuro. No regar un campo de césped artificial es condenarlo a una degradación acelerada que obligará a una inversión millonaria para reponerlo. Es, sencillamente, tirar el dinero de todos por falta de mantenimiento básico.


Más allá del daño material, está el prestigio de El Campello. Semanalmente nos visitan equipos de toda la provincia. ¿Ǫué imagen proyectamos cuando los deportistas vuelven meses después y se encuentran los mismos carteles de «fuera de servicio»? La impresión que se llevan los clubes y federaciones es la de un municipio dejado a su suerte, donde la gestión brilla por su ausencia.
Gobernar no es solo anunciar grandes proyectos; gobernar es, sobre todo, gestionar el día a día. Es inadmisible que el equipo de gobierno viva en una realidad paralela de fotos y promesas mientras los servicios básicos se caen a pedazos. El Campello no necesita más «res de res»; necesita agua caliente, aire acondicionado y un mantenimiento digno para sus espacios públicos. Es una cuestión de respeto a los ciudadanos y de responsabilidad patrimonial.