Ángel Sánchez
Opinión

En 1998 el Partido Socialista Obrero Español fue la primera organización política que incluyó las primarias como forma para la elección de Secretario o Secretaria General. Pero éste procedimiento, pese a suponer un evidente avance en la democracia directa, no ha estado exento de problemas. Ese mismo proceso que llevó a Josep Borrell a ser elegido candidato a la presidencia del gobierno provocó un agrio debate interno al producirse, por primera vez, una situación de “bicefalia” (el secretario general elegido en Congreso fue Almunia, que a su vez perdió las primarias frente a Borrel) y un choque de “intereses” entre la dirección y la voluntad de la mayoría de la militancia expresada directamente en las urnas. Por lo tanto, y siendo un evidente avance en la democracia interna de los partidos, las primarias son al mismo tiempo un “arma que carga el diablo” para las mismas organizaciones.
En El Campello hemos tenido “amargas experiencias” con las primarias. Solo recordar que en 2019, el candidato elegido por la militancia presentó su renuncia a encabezar la lista electoral debido a las “imposiciones” que desde instancias superiores del partido querían realizarse en la lista. Y no solo eso, sino que en un proceso posterior, en el que se elegían puestos para esa misma lista, el resultado (señalado como fraudulento por el sector del candidato electo) tampoco fue motivo de integración ( aceptando el resultado que las urnas habían ofrecido) sino todo lo contrario. Anteriormente (en 2011) el empate en la elección del candidato, supuso la ruptura del partido a causa de la decisión de la dirección provincial de apoyar a uno de los candidatos y su lista pese a que lo lógico y lo democrático hubiera sido formar una candidatura de integración. En resumen: las primarias pueden ser un elemento democratizador, pero conllevan riesgos para el partido que las asume e igualmente hacia la sociedad, pues se transmite una imagen de división que los y las votantes castigan, como parece evidente que sucedió en las elecciones de 2019 en nuestro municipio (donde pese al “viento de cola” que ofrecía la marca electoral, la candidatura de El Campello perdió en las elecciones municipales 11 puntos respecto a las Europeas celebradas el mismo año y más de 8 puntos respecto a las Generales celebradas un mes antes).
No obstante, el paso de un sistema representativo puro (donde se elegía, no sólo al candidato sino al “contrapeso” a través de una dirección donde se integraban porcentualmente las minorías) a uno presidencialista mixto parece haberse normalizado, básicamente porque tras la elección del Secretario o Secretaria general, se celebra un Congreso donde los representantes (los delegados y delegadas elegidos por la afiliación) eligen los órganos de dirección y representación del partido. Y ese modelo híbrido que no delega todo el poder orgánico en una sola persona sino que lo combina con un modelo representativo puede (y debe) servir como elemento inclusivo, claro está, siempre que el sector “vencedor” así lo considere. Esto, por ejemplo, no ocurrió en la última elección de Secretario General en nuestro municipio, donde pese a haber obtenido “solo” el 54% el candidato vencedor, los perdedores no tuvieron oportunidad de participar en la dirección local, por lo que los necesarios contrapesos a la todopoderosa Secretaría General no existieron, en un ejercicio de reduccionismo democrático evidente, y lo peor: persistente y consentido por los órganos superiores ( incluida la dirección provincial).
En las primarias a la Secretaría General de la provincia de Alicante se elegirá entre dos candidatos que posteriormente tendrán que presentar una propuesta de dirección y órganos de representación orgánicos. Lo esperable y deseable es que sea quien sea el sector y candidato vencedor del proceso, integre a miembros de la otra candidatura en una apuesta sincera de unidad. Aunque no sólo eso: lo deseable sería que la nueva dirección analizase (como prioridad) el funcionamiento de las agrupaciones, no desde la correlación de fuerzas entre grupos; no desde la pertenencia a uno u otro sector, sino desde su funcionamiento democrático. Y si eso se hace, sobre la democracia (más allá de las urnas de un día) en la Agrupación Socialista de El Campello mucho habría que decir y decidir antes de que la militancia se enfrente a un nuevo proceso para elegir la nueva dirección política.
En mi opinión, el candidato Alejandro Soler, eligiendo la Agrupación de El Campello para celebrar su acto comarcal, ha cometido un error. Una dirección local que vulnera los principios elementales de democracia interna, que decidió laminar cualquier oposición o discrepancia y que se ha saltado a la torera (con la inestimable colaboración del otro sector en la elección, por ejemplo, de delegados y delegadas al Congreso del PSPV) todas las normas democráticas en cuanto a la rendición de cuentas (por ejemplo), no debería contar con un apoyo tan explícito por parte de un candidato que quiere dirigir el partido en la provincia de Alicante, a menos que esté de acuerdo y acepte las anomalías como norma.
Personalmente espero que la dirección provincial que surja de las primarias y el Congreso provincial prescinda, en lo posible, de la dinámica establecida de “los míos” frente a “los otros” y trabaje por un partido verdaderamente unido y radicalmente democrático. Pues, ¿no es eso lo que proponemos para la sociedad?.