CAMINANDO CON MIS SECUELAS Y MI FILOSOFÍA DE LA VIDA

Pascual Andrés Tevar

Cuando vas caminando hacia los 76 y todavía no has asumido todo el mundo de la jubilación, empiezas a percibir que la vida y las circunstancias de cuando trabajabas intensamente, y hasta con ansiedad y estrés, y miedos, no lo has terminado de asimilar. Y por otra parte, la vida ha cambiado tanto, que no eres capaz de ser consciente, ni por casualidad, del mundo en el que te has metido, Pero no quedan, más huevos, como decía mi Padre, que seguir adelante. Y al mismo tiempo, por mucho que te cueste, y te asalten las dudas, tienes que, intentar ver, en medio de un túnel largo y obscuro, qué hacer con tu vida, y acompañarlo con una filosofía, tuya, para encontrarle sentido a cada amanecer.

A lo primero que tienes que enfrentarte es a las secuelas físicas, y sobre todo psíquicas, porque a los pocos meses de jubilarme, la Doctora del Centro de Salud, me sugirió que me hiciera una analítica. Y cuando fui para ver los resultados, me puso un control cada seis meses, comenzando por el colesterol, siguiendo por la próstata, siguiendo por el azúcar, siguiendo por el alcohol. Y entonces comenzaron los consejos, tomar cita para el cardiólogo, tomar cita para el urólogo, menos mal, que los podía hacer en el Hospital de San Vicente del Raspeig. Pero claro, el asunto no se quedó en las citas con los especialista, ya que siguieron las recomendaciones, trata de no beber alcohol, trata de cuidar el azúcar, trata de no comer carnes rojas, embutidos, etc., y en definitiva que cambió sustancialmente la película de mi vida. Fuera el gin tonic de tónica, fuera el whisky, fuera los pasteles, y otras exquisiteces, fuera el bistec de ternera y similares. Y a continuación, la película de mi vida era tan distinta, que me costaba reconocerme a mí mismo. Pero, pero el ser o no ser, me ha hecho reaccionar poco a poco, para tratar de reencontrarme con el nuevo camino de mi vida.

Con el paso del tiempo los acontecimientos íntimos y personales, me confirmaban, que el camino no tenía marcha atrás. Porque cuando vino una neumonía, a finales de 2024, que me dejó secuelas, para que dejara en el pasado, esa caminatas de más de dos horas y media, en las madrigadas de los domingos, y conformarme con acortar el tiempo. Y se complicó, más todavía, cuando en marzo de 2025, me atacó una neumonía atípica, que como me dijo el Doctor antes de salir del hospital, que la capacidad pulmonar había sido reducida para siempre. Y de alguna manera, me estaba diciendo, que me olvidara de las caminatas por las rotondas desde San Vicente del Raspeig a San Juan de Alicante, que quedaban para mi historia, incluso de haber ido reduciendo las rotondas con la neumonía de 2024. Y testigo de ello, es mi libreta donde anotaba cada salida de madrugada para caminar por las rotondas. Así que, era consciente, que me vida, había cambiado, y no tenía más alternativa que aceptarlo, o tener más secuelas , que las físicas, con las que convivir.

Claro está, que la ley de Murphy, se cumple siempre, y como ya venía anunciándose, desde poco después de jubilarme , los hombros, especialmente el izquierdo, me estaban pasando factura, a no estar bien sentado, en mi mesa de trabajo de la asesoría laboral, durante más de 47 años, y como todo en la vida, el cuerpo dijo aquí está el dolor. Y las infiltraciones de la Doctora en el Centro de Salud, se acabaron, porque corría peligro la musculatura de los hombros, y quedarme más tocado. Tuve que ir al Traumatólogo, y con las pruebas médicas de las ecografías, a través de un seguro privado aceptable en lo económico, me aplicaron un tratamiento, que el fisioterapeuta de la clínica especializada, al que voy semanalmente, trabaja con rigor y destreza, para que me haga soportable las noches de insomnio. Y menos mal, que durante el día, convivo viene con el problema.

En consecuencia, he conseguido aceptar a convivir, con una convivencia programada, con los controles médicos cada seis meses, como me dejó claro la Doctora del Centro de Salud, Y que tengo que ir, necesariamente, a realizar analíticas para controlarme la próstata, el corazón, y los niveles de azúcar, y todas las historias que analizan . Y menos mal, que al final el Cardiólogo, me ha dicho que no pase controles cada seis meses, salvo que detecten algo en los análisis de cada seis meses. Y para completar el tema, ahora me han detectado cataratas en los dos ojos, y estoy en lista de espera, junto a la del urólogo, y menos mal, que puedo apañarme con las gafas que tengo, porque no me las impone obligaciones del trabajo.

Después de todo, tomo una sola pastilla de forma habitual, para el colesterol. Por lo que en consecuencia me conformo, Porque por otra parte, me he acostumbrado, a los controles médicos cada seis meses. Aunque a veces, los interrumpo, con procesos de infección de orina que tengo que atacar con antibióticos, bien controlados por la Doctora del Centro de Salud, Y , pienso, o acepto todo esto como normal, o me creo un problema de ansiedad. Y al final, los estoy aceptando. Y trato, de que no influya, más de lo necesario, en mi vida . Porque al fin y al cabo, ya forma parte de la misma, como algo natural y lógico.

Pero todas estas circunstancias, no me han impedido, seguir caminando a mi manera, para ir a mis desayunos, a mis almuerzos, a mis comidas, y a mi cafés, con la botellitas de agua, con mis tertulias con los amigos y amigas, y con mi nueva filosofía de vivir y compartir. Y por supuesto, con mi paseos, y compartir la vida, con la compañera de mi vida. Y mis encuentros semanales, con mi hija. Y mis encuentros temporales, con mi hijo y su compañero de aventura, y con mis visitas a la Peña Madridista San Vicente del Raspeig, y la convivencia con mis amigos del alma. Y es que para ser feliz como decía el filósofo Schopenhauer “Pocas veces pensamos en lo que tenemos, y siempre en lo que nos falta”, y me estoy aplicando esa forma de pensar y de vivir.

Así que, el yo soy yo y mi circunstancia, se cumple, pero no tienes más remedio, que aceptarlo, o caer en depresiones, y debates existencias, que te quita un tiempo importante, para vivir la vida, y compartirla lo mejor posible, contigo mismo, y con los demás, empezando con la familia, siguiendo con los amigos del alma, continuando con la Peña , y en definitiva, haciendo que la vida tenga sentido, con el impuso que le transmite nuestra increíble luz mediterránea.

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