Pablo Quintana (Vox San Vicente)

En VOX siempre hemos denunciado que el problema de la vivienda es una de las peores lacras de los últimos tiempos. Desde 2018 hasta la fecha, la imposibilidad de acceso a una vivienda para los españoles, jóvenes y no tan jóvenes, se ha convetido en un problema que lastra el desarrollo social y económico del país.
Ante esto, la izquierda, que en materia de vivienda, como en sanidad o educación, protagoniza el papel de bombero-pirómano, es incapaz de ofrecer apenas ninguna propuesta que no pase por la demagogia más absoluta. Es tan así, que en lugares como Barcelona, que es el paradigma de las políticas socialistas en materia de vivienda, ya es prácticamente imposible encontrar un piso en alquiler.
Sin contar con el efecto llamada, que está por venir, en España se han establecido desde el 2020 unos 10 millones de extranjeros. Personas que, lógicamente, han tenido que buscar un sitio donde vivir. Si a esto sumamos la inseguridad jurídica que se transmite desde el gobierno, que impide a muchos pequeños propietarios el poner su vivienda en alquiler, y añadimos la fobia de un gran sector de la izquierda a la construcción de nuevas viviendas, el resultado no solo es un aumento desmedido de los precios, sino que prácticamente no hay pisos en el mercado de alquiler. Este es el legado de más de 8 años de aplicación de las políticas de Pedro Sánchez.
Frente a este modelo, VOX propone fomentar la construcción de vivienda, tanto de iniciativa privada como pública, aplicando en este caso el ya conocido principio de “prioridad nacional”. También, incentivar a los pequeños propietarios, que son la mayoría, a poner sus viviendas vacías en alquiler y acabar con el miedo a ser víctimas de la okupación o los impagos. Medidas en positivo, lejos de las propuestas coercitivas de la izquierda, que además consiguen siempre el efecto contrario.
Pero en VOX también consideramos que el fin último que se debe perseguir en materia de vivienda no es solo dinamizar el mercado de alquiler, sino volver a conseguir que España sea un país de propietarios en el que cualquier trabajador pueda ser capaz de acceder a una vivienda en propiedad y a un precio asequible. Todo lo que no vaya encaminado a esto, serán solo parches para esconder lo que estos llamados “gobiernos de progreso” han robado a nuestros jóvenes ya las familas españolas: la posibilidad de ser propietarios de sus propias viviendas.