
Un evento para recordar que corona definitivamente al músico y compositor campellero Rubén Jordán, formado en las bandas L’Avanç y La Nova, desde la que dio el salto a nivel nacional y, ahora, internacional.
En Manáoag, municipio filipino de primera categoría, situado en la isla de Luzón que forma parte de la provincia de Pangasinán (situada en la Región Administrativa de Ilocos), y exactamente em la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, sonó esta semana la pieza “La Misión de la Esperanza” de Rubén Jordán en el acto solemne celebrado con motivo del centenario de su coronación canónica, en un acto de profunda relevancia religiosa, cultural e histórica que congregó a cientos de miles de fieles.
La imagen de la Virgen hizo su entrada en la basílica al son de la obra “Como tú, Ninguna”, del compositor David Hurtado Torres, luciendo nuevas vestiduras bordadas con materiales procedentes de Sevilla, aunque sin portar aún su corona.
Entre las autoridades presentes destacó el presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos, acompañado por su esposa, Marie Louise Araneta. Ambos hicieron entrega al nuncio del nuevo conjunto de coronas y estrellas, destinado a sustituir al original de 1926, desaparecido durante la Segunda Guerra Mundial. El momento de la coronación estuvo acompañado por la interpretación de la Marcha Real Española, evocando así la ceremonia celebrada un siglo atrás.
Dada la extraordinaria afluencia de fieles (unos 700.000 según fuentes oficiales) procedentes de todo el país, la imagen de la Virgen fue sacada por unos momentos a la puerta principal del templo para su veneración pública. En ese instante, la orquesta sinfónica del Conservatorio de Música de la Universidad de Santo Tomás interpretó la obra “La Misión de la Esperanza”, acompañando este gesto de cercanía con los peregrinos congregados en el exterior.
“Brutal lo vivido estos días en Filipinas”, exclama el compositor, que da las gracias “a todos los músicos, padres dominicos y devotos de la Virgen que me están escribiendo desde la otra parte del mundo”.
La jornada concluyó con una multitudinaria procesión por las calles de la localidad que volvió a poner de manifiesto la dimensión extraordinaria del acontecimiento.
PROYECCIÓN INTERNACIONAL
Compuesta por el músico alicantino afincado en El Campello Rubén Jordán, La Misión de la Esperanza ha experimentado una notable proyección desde su estreno junto a su destinataria original: la Virgen de la Esperanza de Triana. Su presencia en el Pregón de la Semana Santa de Sevilla marcó un punto de inflexión en su difusión, consolidándola como una de las marchas procesionales de mayor recorrido reciente. Desde entonces, ha sido interpretada por formaciones de toda la geografía española, alcanzando ahora una dimensión internacional al sonar con solemnidad en Filipinas ante una multitud sin precedentes.
Rubén Jordán destaca especialmente como compositor de música sacra, con un catálogo que incluye marchas procesionales como La Misión de la Esperanza (Esperanza de Triana), Sé siempre nuestra Esperanza (Esperanza Macarena), Bajo tu Amparo (Nuestra Señora del Amparo de Sevilla) o Mariúpol; misas como la Missa Refugium Peccatorum (Nuestra Señora del Amparo de Sevilla) o la Missa Lucis (Virgen de los Dolores de las Penas de San Vicente de Sevilla); y otras obras sacras como Tres lamentaciones (Virgen de Consolación de Granada), entre otras.
Rubén Jordán desarrolla una destacada labor como director, habiendo sido Maestro de Capilla del Santísimo Cristo de la Vera Cruz de Toledo (2021–2026), director de la Banda Municipal de Urda (2022–2026) y principal director invitado de la Orquesta Sinfónica SingUs de Madrid.
Este hecho subraya el alcance global de la música procesional española y, en particular, la proyección de la obra de Jordán, cuya creación ha trascendido fronteras culturales y geográficas. Que una composición nacida en el ámbito de la Semana Santa española haya sido interpretada en repetidas ocasiones en un evento de tal magnitud en Filipinas evidencia la capacidad universal de este lenguaje musical y sitúa al compositor en un contexto de proyección internacional poco habitual para este repertorio.
La Virgen del Rosario de Manaoag constituye una de las devociones marianas más arraigadas y multitudinarias de Filipinas, recibiendo cada año a millones de peregrinos. Conocida también como “la Señora que llama”, su advocación está profundamente vinculada al origen etimológico del nombre de la localidad (Manáoag), que en lengua local significa “llamar”.