Tras la polémica suscitada a raíz del editorial “Cuando la cultura se fragmenta”, publicado recientemente, el músico y compositor sanvicentero Paco Amat ofrece su versión de los hechos y reflexiona sobre el momento cultural que vive el municipio.

Pregunta. En el editorial se habla de un “veto” a la interpretación de sus obras a parte de la Asociación musical El Tossal. ¿Es correcto ese término?
Respuesta. No, no es correcto hablar de veto en esos términos. En el caso concreto del Himne al Fester, yo nunca he prohibido que se interprete. Lo único que dije, tanto a la Unión Federación de Moros y Cristianos Ber-Largas, como públicamente, es que, si la Asociación Musical El Tossal quería tocarlo, debían pedirme permiso. Es algo tan sencillo como enviar un WhatsApp. No hubo ninguna solicitud, y por tanto no hubo autorización.
P. ¿Entonces la decisión de no interpretarlo no fue suya?
R. Exacto. Yo no recibí ninguna llamada, mensaje o comunicación. Y la respuesta habría sido afirmativa, como ya dejé claro. Pero no quisieron hacerlo. Imagino que por una cuestión de orgullo o de no querer dar ese paso, pero eso ya no depende de mí.
P. ¿Tiene base legal esa capacidad de autorizar o denegar la interpretación de una obra?
R. Sí, por supuesto. La Ley de Propiedad Intelectual es muy clara en ese sentido. El autor tiene derechos sobre su obra, puede autorizar su uso, retirarla o incluso impedir determinadas interpretaciones si considera que no son adecuadas. No es un capricho, es un derecho reconocido legalmente.
P. Más allá de lo legal, ¿entiende que al tratarse de un himno festero hay una dimensión colectiva?
R. Claro que la hay, y por eso precisamente nunca he querido impedir que se toque. Soy el primero que entiende que es una obra vinculada al sentimiento festero del pueblo. Por eso ofrecí esa posibilidad: que se pidiera permiso y se tocara sin problema. Pero hay que hacer las cosas bien.
P. El conflicto viene de su relación con la Asociación El Tossal. ¿Qué ocurrió?
R. Aquí hay que separar cosas. Mi salida de otras agrupaciones, como La Esperanza, no tiene nada que ver con esto. En ese caso, fue una etapa que terminó de forma natural tras muchos años de trabajo. En El Tossal, en cambio, hubo un desacuerdo en la forma de gestionar el proyecto. No se contó conmigo para decisiones importantes y entendí que mi etapa allí había terminado.
P. Sin embargo, tras su salida se produce una ruptura mayor.
R. Sí, porque después de comunicar mi decisión en una reunión abierta, a la que asistieron músicos, miembros de la directiva presentes, socios, padres de alumnos… se produjeron una serie de acciones posteriores que agravaron la situación. Entre ellas, una carta de expulsión que llegó un mes después, cuando yo ya me había marchado. Eso generó malestar, no solo en mí, sino también en otros músicos.
P. De hecho, varios músicos le siguieron en su nuevo proyecto.
R. Así es. Cuando decides irte y 35 músicos se vienen contigo, algo indica que no era un problema individual. Nosotros empezamos de cero, sin recursos, construyendo un proyecto propio, sin intención de perjudicar a nadie.
P. En el editorial se habla de fragmentación cultural en San Vicente. ¿Comparte ese diagnóstico?
R. No necesariamente. San Vicente tiene una riqueza cultural enorme, con muchas asociaciones. Es cierto que puede haber duplicidades, pero eso también genera competencia sana y hace que el nivel suba. El problema no es la cantidad de asociaciones, sino la falta de recursos e infraestructuras para sostenerlas.
P. ¿Apunta entonces a una cuestión institucional?
R. En parte sí. El Ayuntamiento tiene que dar respuesta a esa realidad cultural. No puede limitarse a observar cómo crecen las asociaciones sin ofrecer espacios, apoyo o planificación. La cultura necesita estructura para desarrollarse.
P. Usted ha dicho en varias ocasiones que se le presenta como “el malo de la película”. ¿Por qué cree que ocurre?
R. Porque no me callo. Siempre digo lo que pienso, y eso no siempre gusta. Pero mi trayectoria está ahí: he colaborado, colaboro y colaboraré con numerosas asociaciones, he ayudado cuando se me ha pedido y nunca he cerrado la puerta a nadie. Ahora, si en algún momento digo que no o marco una línea, parece que eso molesta.
P. Para terminar, ¿hay posibilidad de reconducir la situación?
R. Por mi parte, siempre. La puerta está abierta. Si mañana la Asociación Musical El Tossal quiere interpretar el Himne al Fester o cualquiera de mis obras, solo tiene que pedírmelo. Así de sencillo. Yo no tengo ningún interés en el conflicto. Mi único objetivo es seguir trabajando por la música y por el pueblo.
