
Como vecino y representante de Per El Campello (XEC), confieso que afrontaba el debate de los presupuestos con una ilusión que, lamentablemente, se desvaneció pronto. Tenía la esperanza de que, entre todas las fuerzas políticas, seríamos capaces de confeccionar unos presupuestos «estupendos» para nuestro municipio. Nada más lejos de la realidad.
Lo que nos encontramos sobre la mesa no fueron unas cuentas de consenso, sino «sus» presupuestos. Unos presupuestos que, para nuestro grupo, han nacido de espaldas a la realidad y, lo que es más grave, de espaldas a la participación. No se nos ha consultado, ni se ha buscado nuestra aportación, como si la visión de quienes representamos a una parte importante de la ciudadanía no fuera relevante.
Pero más allá de la falta de talante democrático, lo que realmente preocupa son las cifras y los informes técnicos. Nos enfrentamos nuevamente a un presupuesto de ingresos sobreestimado en más de 5 millones de euros. Si los ingresos están hinchados, los gastos, por pura lógica contable, también lo están. ¿Qué ocurrirá cuando llegue el momento de ajustar la realidad a la ficción presupuestaria? ¿Serán las inversiones o los servicios a las personas los que sufran el tijeretazo?
Es alarmante que los informes técnicos adviertan sobre el incumplimiento de las reglas fiscales. Estamos ante un escenario donde, a pesar de contar con un remanente de 40 millones en los bancos, nos encontramos con un endeudamiento que roza el 60% de los ingresos de 2025. ¿Cómo explicamos a los ciudadanos que, teniendo dinero, estamos hipotecando el futuro con una gestión que nos aboca, casi con total seguridad, a un Plan Económico Financiero (PEF) para 2027 y 2028?
Desde XEC no podemos, ni debemos, apoyar unas cuentas que vulneran lo racional y, lo que es peor, incumplen la normativa. No estamos aquí para validar una gestión que hipoteca el futuro de nuestro pueblo.
Dicho esto, y aunque suene paradójico, mi mayor deseo es estar equivocado. Ojalá el equipo de gobierno tenga razón y sus previsiones sean las acertadas, porque, por encima de siglas y discrepancias políticas, lo único que nos mueve es el bienestar de El Campello. El tiempo, como siempre, será el encargado de poner cada cosa en su lugar.