El proyecto de dinamización comunitaria en la zona norte del municipio apuesta por la implicación ciudadana para mejorar el entorno a través de intervenciones urbanas, espacios de encuentro y actividades educativas

La zona norte de Mutxamel está experimentando una transformación impulsada por la participación ciudadana. El proyecto municipal de dinamización comunitaria que se desarrolla en la zona norte de Mutxamel, concretamente en las zonas de Convent, Poble Nou y Ravalet busca revitalizar estos espacios mediante actividades culturales, educativas y de mejora urbana en las que los propios vecinos son protagonistas.
Una de las actuaciones más visibles es el proyecto de arte urbano “Camí a l’escola”, desarrollado por Comando Margarita. La iniciativa consiste en señalizar mediante pintura el recorrido que une la calle Elda con el CEIP Arbre Blanc, creando un camino escolar más seguro y atractivo para los menores. El objetivo principal es reducir la velocidad del tráfico en la zona y fomentar que los escolares acudan al centro educativo caminando.
Desde la Concejalía de Educación destacan además el carácter abierto de la propuesta. Cualquier persona interesada puede acercarse a participar en las jornadas de pintura junto a las responsables del proyecto. La intención es que la intervención sea sentida como propia por la ciudadanía y contribuya a generar un entorno más amable y acogedor.
Sin embargo, la iniciativa va mucho más allá del arte urbano. Entre las acciones previstas se encuentra la construcción de jardineras elaboradas con palés reciclados que se instalarán en la plaza Sant Pere. Este proyecto está siendo coordinado por Karen Jarufe, quien imparte talleres de bricolaje en el Centro Social del Ravalet para enseñar a los participantes técnicas básicas de construcción y reutilización de materiales.






Otra de las propuestas contempla la creación e instalación de seis bibliocasas destinadas al intercambio libre de libros. Dos de ellas se ubicarán en la plaza Sant Pere, una en las proximidades del IES L’Alluser y las tres restantes se distribuirán en diferentes puntos del municipio, con el objetivo de fomentar la lectura y el acceso compartido a la cultura.
El programa también incluye talleres de macramé destinados a la elaboración de elementos de sombra para espacios públicos, así como el impulso de huertos urbanos en los Jardines de Peñacerrada, iniciativas que combinan creatividad, sostenibilidad y convivencia vecinal.
Desde la Concejalía de Educación subrayan que la participación directa de los vecinos es una de las claves del proyecto. Consideran que cuando la ciudadanía se implica en la creación y mejora de los espacios públicos, aumenta el sentimiento de pertenencia y el cuidado de los mismos. En este sentido, aseguran que las acciones desarrolladas no solo embellecen el entorno, sino que contribuyen a rehabilitar socialmente la zona y fortalecer los vínculos comunitarios.
La concejala María Loreto Riera ha señalado además que la intención es dar continuidad a la iniciativa y extenderla progresivamente hacia los otros dos centros educativos del municipio. Según explica, todas estas actuaciones surgen de las propuestas planteadas en el Consejo Local de la Infancia y la Adolescencia (CLIA), un órgano que permite incorporar la voz de los más jóvenes a las políticas municipales.





La filosofía del proyecto pasa también por mantener una escucha activa con el vecindario. Según explica Krisztina Molnàr, de Comando Margarita, no se trata de una iniciativa cerrada, sino de una propuesta que evoluciona a partir de las aportaciones de los propios residentes, incorporando sugerencias y pequeños detalles que les permitan sentirse parte del proceso. Esa implicación se refleja incluso durante las jornadas de trabajo, donde numerosos vecinos se detienen para felicitar a las participantes, ofrecer agua, refrescos o fruta, e incluso sumarse a la intervención cogiendo una brocha y pintando. Los diseños se han planteado de forma sencilla para facilitar su mantenimiento y permitir que cualquier persona pueda participar, mientras que los colores llamativos cumplen una doble función: alertar a los conductores de la presencia de menores y ayudar a los niños a identificar con facilidad el recorrido. Además, los mensajes distribuidos a lo largo del trayecto invitan a la reflexión y recuerdan valores de convivencia y respeto, reforzando la idea de que el espacio público es una construcción colectiva.
Mutxamel, reconocida como Ciudad Educadora, encuentra en este proyecto una nueva forma de entender la educación más allá de las aulas. Como resume la propia Riera, «esto también es educar», haciendo referencia a la capacidad de estas iniciativas para promover valores como la convivencia, la participación, el respeto por el espacio público y el compromiso con la comunidad.