
En un control rutinario levantaron las sospechas de una patrulla de la Policía Local, y los agentes se declaran “sorprendidos” de lo que encontraron en el interior del vehículo: decenas de botes de spray, que utilizan los grafiteros para realizar pinadas en paredes, muros y otros espacios urbanos.
Los había de todos los colores imaginables, y junto a ellos, una cizalla, herramienta que sirve para violentar cadenas y candados con los que tanto particulares como Ayuntamiento protegen espacios de acceso restringido.
En el vehículo viajaban dos jóvenes, a los que se les requisó la mercancía. Fueron identificados y siguieron su camino, dado que en ese momento no se les pudo vincular a ningún acto vandálico concreto.
Uno de ellos ya constaba en los archivos policiales, con antecedentes por realizar pintadas en espacios públicos, que ellos califican de “arte urbano”. La realidad es que esta práctica se ha convertido en un problema que obliga al Ayuntamiento a gastar dinero público en su eliminación y repintado de esos espacios para devolverles su estado original.