Adiós Gelis

En las tierras húmedas de Galicia, donde el mar susurra lamentos,
ha callado una voz que era fuego entre la niebla.
Gelis Soto, hermana de la lucha, se marchó.
Ayer se apagó la llama que nadie pudo extinguir.
No fue la muerte suave la que te llevó,
sino el largo asedio de un enemigo invisible:
la SQM, cruel carcelera de tu cuerpo,
que convirtió el aire en veneno y el mundo en exilio.
Cada aliento era una batalla, cada aroma un puñal,
y tú, erguida como roble gallego en la tormenta,
protestaste con la voz rota y el alma entera,
socia fiel de Fibro Protesta Ya, bandera viva.
En las asambleas virtuales y en las calles cuando el cuerpo permitía,
tu palabra era faro para quienes también ardían sin fuego.
“No estamos solas”, gritabas desde el confinamiento,
y tu grito atravesaba pantallas y fronteras de silencio.
¡Cuántas noches sin dormir, cuántos días sin luz!
El mundo giraba indiferente mientras tú luchabas
contra moléculas que nadie veía, contra el olvido oficial,
contra la burla de quien nunca conoció el infierno químico.
Fuiste guerrera de carne frágil y espíritu de acero,
madre y hermana de la resistencia invisible,
voz de las que callan porque el dolor les roba el habla.
Galicia te acoge ahora en su abrazo verde y gris,
donde el viento atlántico canta tu nombre sin cesar.
Ya no sufrirás más el peso del aire traidor,
ya no tendrás que aislarte del mundo que amabas.
Libre al fin, Gelis, libre como nunca pudiste ser,
corres ahora por prados que ningún químico puede emponzoñar.
Pero aquí, en la tierra que dejaste, queda tu legado:
una huella de coraje en cada enferma que se levanta,
en cada protesta que se organiza, en cada silencio roto.
Fibro Protesta Ya lleva tu nombre tatuado en el alma. Ç
No te olvidaremos, luchadora incansable.
En las reuniones, en los foros, en las noches de dolor,
alguien dirá tu nombre y el aire se cargará de respeto.
Gelis Soto, la que no se rindió jamás.
Que la lluvia gallega lave tu tumba con ternura,
que las olas del mar canten tu elegía eterna,
que las flores silvestres cubran tu descanso
con colores que nunca te hicieron daño.
Descansa, hermana.
Descansa, guerrera.
Descansa, luz que no se extingue.
Tu batalla continúa en nosotras,
en cada voz que se alza contra el olvido,
en cada mano que se tiende a otra que sufre.
Porque tú nos enseñaste que, aunque el cuerpo falle,
el espíritu puede ser indomable.
Gelis Soto, hasta el último aliento fuiste grande.
Y grande serás en la memoria
de quienes seguimos aquí,
luchando.
En las brumas de Galicia,
una estrella nueva brilla:
se llama Gelis,
y su luz duele de tan pura.
@Fibroprotestaya

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