Pascual Andrés Tevar
Esa reflexión en relación con los peligros del ego y al control del poder, popularizando la expresión “no dejar entrar al viejo”. Porque envejecer o rendirse no es una cuestión de años, sino de actitud. Y esa es la conclusión, que me anima cada día, para seguir adelante con ilusión y fe en el futuro.
Como defiende con su vida y su forma de pensar, tajante, ARTURO PÉREZ-REVERTE, y estoy de acuerdo, es un error intentar parecer joven a cualquier edad. Es necesario tener meridianamente claro que quienes intenta negar el paso del tiempo o asumir códigos y conductas que no les pertenecen, es decir intentar ser contemporáneo o adoptar códigos juveniles, se están engañando a sí mismos, y terminan por hacer el ridículo y el payaso. Así mismo reflexiona, sobre el paso del tiempo y la pérdida de respeto hacia quienes han vivido más, especialmente en Occidente, y especialmente en Europa, se haya impuesto la cultura que arrincona todo aquello que recuerda la edad, la fragilidad o la experiencia acumulada. A los viejos se les arrincona porque la vejez es fea y aquí todos tenemos que ser guapos y jóvenes. Porque acaba en un pensamiento peligroso, que deja a la sociedad sin una parte esencial de su memoria. El problema no está solo en cómo se mira a los mayores, sino también en cómo se ha debilitado la relación entre generaciones. Es decir, antes existía una necesidad social, de escuchar a quienes habían atravesado ya las etapas más difíciles de la vida. Antes teníamos la necesidad social de escuchar a las personas mayores que transmitían su experiencia. Era útil porque cuando llegaba el dolor y el sufrimiento, que siempre llega, sabían cómo afrontarlo. Eso lo hemos ido perdiendo. Esa pérdida deja a los jóvenes sin una referencia importante. Los mayores acumulan errores, aciertos, fracasos, amores, duelos y aprendizajes, que pueden servir a quienes vienen detrás. No porque tengan todas las respuestas, sino porque ya han pasado por lugares que otros aún no conocen. Y es que en la sociedad actual, arrincona la memoria, pero existen una diferencia sustancial, si las comparamos con otras zonas del mundo como África, Asia o América del Sur, donde a las personas mayores se les considera una referencia dentro de la familia y de la comunidad. Allí, la edad no se contempla solo como deterioro, sino también como autoridad, memoria y experiencia. Eso, demuestra, el enorme error que estamos cometiendo en Occidente y en Europa. Eso no sucede en África, en Asia, en América del Sur, donde la gente mayor sigue siendo una referencia y la joven calla. Por la crítica apunta a una sociedad que premia la apariencia, la velocidad y la novedad, pero que pierde la paciencia para escuchar. Y en ese contexto, los mayores quedan muchas veces fuera de la conversación pública, como si su mundo hubiera dejado de tener utilidad. Por eso Pérez-Reverte asegura, que cuando llegó a la Real Academia Española, se pasó mucho tiempo escuchando, consciente de que tenía delante a personas que pertenecían a un mundo que estaba desapareciendo. Y le encantaba llevarse una cantidad de información participando en un mundo que ya no existe y que está desapareciendo. Es también vital la educación cívica y el respeto, como el caso, de que un joven le empujó en unas escaleras del metro para adelantarle, sin disculparse, y lo que más le llamó la atención , no fue el empujón en sí, sino la la falta de conciencia del joven, de que hubiese hecho algo mal , de su grosería. Y se comprende entonces, que su educación y su mundo excluyen ya ciertas cosas que están en nosotros las personas mayores. Esa distancia entre generaciones, no debe resolverse con desprecio, sino con saber escuchar y tener curiosidad y respeto. Y todo esto nos va llevando a saber aceptar el paso del tiempo, y entender que una sociedad que desprecia a sus mayores, se priva de una parte fundamental de sí misma. Es decir, no se puede pedir a las personas mayores que sean jóvenes ni que se comporten según códigos que no le pertenecen , Lo que sí es necesario entender que su valor están en la memoria, en la experiencia y en una forma de mirar que puede ayudar a los demás a entender mejor la vida. Y es por eso, que frente a una cultura que ante cualquier síntoma de envejecimiento invita a mirar la vejez de otra manera, no como un estorbo, ni como algo que deba ocultarse, sino como una etapa con voz propia, es decir, no hay que mirar con horror, sino con curiosidad, y así, sabremos descubrir, la esencia de mirar la vejez sin miedo.
Así, aprendiendo, de los que nos lo han transmitido por su experiencia, y por sus libros, y sobre todo por sus pensamientos, y por lo que nos han transmitido nuestros antecesores familiares, y amigos, y la experiencia de la convivencia en la etapa de estudiante, de trabajo, de la peña, y de la familia forjada ,voy empezando a tener claro, que el miedo, no tiene objeto, con la experiencia, y la vivencia de ser y hacerse viejo, de ser viejo, de convivir con la vejez, porque si sabemos trabajar el mundo que está por descubrir, tiene todos los alicientes, para que cada amanecer merezca la pena mirar, observar, captar, dialogar, convivir , y ser capaz de transmitir a las jóvenes generaciones, que ser viejo, es otra forma de ver y compartir la vida. Y al mismo tiempo, tener la oportunidad, de transmitir tu experiencia, y aceptar, y responder a las preguntas e interrogantes, que puedan plantearte, las jóvenes generaciones, sin miedo, y con el bagaje, que tienes en la memoria, de tu propia vida, y de lo que has conseguido asimilar a lo largo de la experiencia del largo camino, y todo ello, envuelto en el aroma del misterio y la energía de nuestra increíble luz mediterránea.