
Artículo de opinión de #RemediosDelosángelesCliment
Hay lugares que se visitan y otros que permanecen para siempre en el corazón. Ceuta pertenece a estos últimos. Enclavada entre el Mediterráneo y el Atlántico, mirando a Europa y África al mismo tiempo, es mucho más que un punto estratégico del mapa: es un espacio donde la convivencia ha sabido abrirse camino a lo largo de los siglos, convirtiendo la diversidad en una de sus mayores riquezas.
En sus calles conviven culturas, tradiciones y creencias que han dejado una huella profunda en su identidad. Cada rincón cuenta un pasado compartido y cada encuentro invita a descubrir una ciudad que sorprende por su hospitalidad y su carácter abierto.
Ceuta no solo une dos continentes y dos mares; también tiende puentes entre personas. Es un abrazo de culturas, un cruce de caminos donde la historia, el patrimonio y la vida cotidiana se entrelazan de forma única. Quién llega a la ciudad caballa descubre mucho más que un destino; descubre una ciudad que se vive con los cinco sentidos y que, una vez conocida, deja un recuerdo difícil de olvidar.
» Pero mi vínculo con Ceuta va más allá de la admiración que despierta en quien la visita. Esta ciudad ha ocupado un lugar muy especial en mi trayectoria literaria. En ella he encontrado muchos lectores, amigos, reconocimiento y momentos que han marcado mi camino como escritora. Cada regreso supone reencontrarme con una ciudad que me ha abierto sus puertas y me ha permitido crecer, no solo en el ámbito de la literatura, sino también en el plano humano.
Y es precisamente esa humanidad la que hoy parece encontrarse en peligro. Las guerras, los desplazamientos forzosos, el hambre, la pobreza y el resurgimiento de discursos que convierten al diferente en enemigo nos obligan a preguntarnos si hemos aprendido realmente las lecciones de la historia.
Cuando el poder prevalece sobre la compasión y los intereses geopolíticos se imponen al valor de una sola vida humana, todos perdemos una parte de nuestra propia condición.
Desde la mirada humanistica, resulta inevitable reflexionar sobre los conflictos de nuestro tiempo.
Las tragedias de Gaza, la guerra de Ucrania, el avance de movimientos ultraderechistas en numerosas democracias y la tensión que afectan a Ceuta y a su relación con Marruecos son realidades distintas, pero todas nos interpelan desde una misma pregunta: ¿ Qué lugar ocupa el ser humano cuando la política olvida su razón de ser.
No escribo estás líneas por señalar vencedores ni vencidos, sino para reivindicar aquello que ninguna ideología debería arrebatarnos el respeto a la vida, la convivencia, la justicia y la dignidad de toda persona. Ese es el verdadero patrimonio de la humanidad y tiene la lección más profunda que una ciudad como Ceuta ofrece al mundo».