CUANDO DESCUBRIMOS QUE SOMOS VIEJOS/AS Y LUCHADORES

Texto de Pascual Andrés Tévar

El pasado día del 10-08-2026 he acompañado, como de costumbre, a la compañera de la aventura de la vida, a la cita con la Doctora del Centro de Salud I junto al Hospital de San Vicente del Raspeig, y, pienso que por primera vez, hemos reflexionado, sin miedo, desde que me jubilé en enero de 2024, y ella mucho antes, en lo que no quiero entrar, que no tenemos que tener miedo a la palabra viejos. Somos un viejo y una vieja, ella camino de los 74, y yo camino de los 76, y entiendo que lo hemos aceptado esa palabra para definir esta etapa de nuestras vidas, pero por otra parte, estamos descubriendo una filosofía que nos hace rebeldes, para que viejo/a no sea un obstáculo para rebelarse, y luchar, a nuestra manera, no para conquistar la juventud, sino para darle un nuevo sentido a nuestras vidas.

Entrar en la consulta médica, a la que he acompañado, como otras muchas veces, nos invade la realidad, de los resultados de la analítica de mi compañera de la vida, y escuchar a la doctora, que todos los peligros están más o menos controlados con la medicación, que, no es un consuelo, pero es ser conscientes, que tenemos que aceptar, que medicarnos es parte de nuestras vidas, y que si sabemos aceptarlos, es una costumbre más en nuestras rutinas diarias. Y de alguna forma, aceptas que eres viejo/a, y que la medicación forma parte de tus cuidados rutinarios.
Cuando finalizada la consulta, a la que hemos ido en taxis para combatir el calor inmenso, hemos decidido cogidos del brazo, regresar caminando, por la calle Lillo Juan, por la calle Pintor Sorolla, cruzar Ancha de Castelar, seguir por la calle Rafael Altamira, y buscar nuestro destino en la calle Alfonso el Sabio, para dirigirnos a casa, buscando las sombras. Y hemos sentido, que a pesar del calor intenso, ha sido un paseo para descubrir, que una vieja y un viejo, hacen posible el romanticismo, como dos pasajeros en el tiempo, que son conscientes, de la huella que el tiempo ha dejado en su físico, pero que saben luchar, para descubrir algo nuevo, que les impulse, con un sabor de la ilusión, cada día. Como decía el filósofo, ser feliz es tener algo que hacer cada día, algo para saber amar, y algo para pensar en el futuro, y, con un simple paseo, nos hemos percatado, que tenemos motivos para seguir adelante con nuestros caminos, y nuestros desafíos, juntos.
También , aceptamos a nuestra manera, que ser viejo o vieja, está relacionado, con el trato de la sociedad de la que formas parte, y parece , que nos van apartando de la nueva forma de vivir , y ya no somos los portadores de la sabiduría del tiempo, para dar buenos consejos, sino que se nos pide, casi, se nos exige, que nos quedemos en nuestra vida de viejos, que nuestros hijos/as, saben lo que tenemos que hacer con todas las gestiones , desde sacar un billete de tren, o una entrada de cine, hasta vender una vivienda que la herencia nos ha dejado.
Y claro está, las nuevas tecnologías, y la inteligencia artificial, nos lo ponen cada vez, más complicado, para sentirnos plenamente, parte de ese mundo, y vamos delegando en los hijos, y nos vamos apartando un poco más en esa nueva forma de ver la vida. Porque las llamadas personales, las conversaciones en un despacho, la visitas de consulta, han desaparecido. Sino saber usar el mundo del móvil, y las nuevas tecnologías, está un poco perdido, en esa nueva selva infinita. Y necesita al hijo que te saque de todos los atolladeros. Y menos mal, que puedes utilizar el móvil, para comunicarte, y para transmitir situaciones personales, porque al menos, no te sientes solo/a del todo. Pero, al final, tenemos todavía recursos, para estar conectados, y de algo me sirven toda una vida de asesor laboral, y no sentirnos solos, y aislados. Y a veces, basta un paseo, para ver y reencontrarnos con otros viejos y viejas, que nos hacen sentirnos vivos, en un mundo, donde hay siempre, algo nuevo por descubrir y por compartir. Y por otra parte, saber encontrar en los amigos y amigas de verdad, la comunicación que nos hace ser conscientes donde estamos, y que tenemos ganas y coraje para seguir adelante. Porque en esta vida de viejo/a , como decía en filósofo, no hay que pensar en lo queda para subir la montaña, sino en el siguiente paso. Es decir, hay que vivir la vida plenamente, con los sufrimientos y las alegrías, y como no podemos evitar que los días pasen, hay que tratar de encontrar tiempo para compartir con los demás, con vivir alegrías, y superar sufrimientos, y seguir adelante paso a paso, y, día a día.
Así que, quiero transmitir, a través de esta hermosa y libre ventana de SOMOS RASPEIG, que es un honor ser viejo o vieja, y que la sabiduría de lo vivido, no te la puede quitar nadie, ni ser sustituida por ninguna tecnología, ni por la inteligencia artificial. Y que el mundo tiene sentido, porque los viejos y las viejas, le han dado y le dan cada día, lo mejor de sus vidas, de su pensamiento. Y de su filosofía de luchar, para de verdad, ganar el futuro, en libertad infinita de vida y pensamiento, donde todos y todas tienen cabida, con el impulso de nuestra increíble luz mediterránea.

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