
Ceuta atraviesa una situación excepcional que está afectando profundamente a la vida de sus vecinos y vecinas –quienes cuentan con toda nuestra solidaridad–, y que exige una respuesta a la altura por
parte de todas las administraciones. La entrada masiva de miles de personas a finales de julio, con un
impacto humanitario, de seguridad y de convivencia sin precedentes, exige unidad, responsabilidad y
cooperación leal.
Hoy, Ceuta debe ser el centro de todas las decisiones. La prioridad son las personas que viven allí: las
familias que necesitan recuperar la normalidad, los barrios que reclaman seguridad, los servicios
públicos que han trabajado sin descanso y una ciudadanía que merece soluciones reales, eficaces y
coordinadas.
Desde el primer momento, el Gobierno de España ha desplegado una respuesta integral reforzando la
seguridad, ampliando recursos sanitarios y humanitarios, creando nuevas infraestructuras de atención
y coordinando la gestión migratoria con Marruecos y con la Unión Europea. Gracias a la eficacia de las
medidas desplegadas, entre ocho y nueve de cada diez personas que entraron a nado ya han regresado
voluntariamente a Marruecos. Un resultado que, hasta la fecha, ningún otro Gobierno europeo ha
conseguido alcanzar en una situación de estas características.
Pero la magnitud de esta crisis exige algo más que eficacia: exige colaboración institucional plena.
Ceuta necesita que todas las administraciones —locales, autonómicas, estatales y europeas— estén a la altura del momento. La solidaridad se demuestra trabajando y colaborando, no convocando
manifestaciones sin consensuar al mismo tiempo que se ponen obstáculos para cumplir la ley o se
reclaman medidas que no son legales. La solidaridad real se expresa con hechos, con recursos, con
coordinación y con responsabilidad. La ampliación extraordinaria del Plan Integral de Desarrollo Socioeconómico es un paso decisivo en esa dirección.
La crispación no ayuda a Ceuta. La utilización partidista del dolor de la ciudadanía no aporta soluciones. La violencia nunca puede ser parte de la solución ni puede servir para alimentar la confrontación y deteriorar la convivencia. Por ello, condenamos sin ambigüedades toda forma de
violencia, ya sea contra migrantes, contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, las Fuerzas
Armadas o contra organizaciones humanitarias como Cruz Roja, cuya labor es esencial y debe ser
protegida.
Ceuta necesita serenidad, cooperación y compromiso. Necesita que la política esté a la altura de su
ciudadanía. Estar con Ceuta significa cumplir la ley, proteger la convivencia y trabajar juntos para recuperar la normalidad garantizando al mismo tiempo los derechos humanos. Significa poner las instituciones al servicio de la gente y no de la confrontación.