CRÓNICAS URBANAS – Sant Joan – Nuestra Ciudad (La Alquería) – Manuel Giménez

Ocurre con las ciudades como con los sueños: todo lo imaginable puede ser soñado, pero hasta el sueño más inesperado es un acertijo que esconde un deseo o bien su inversa, un temor. Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de temores, aunque el hilo de su discurrir sea secreto, sus normas absurdas, sus perspectivas engañosas, y cada cosa esconda otra. (Las ciudades invisibles. Italo Calvino)

Sant Joan está erizado de grúas. En los últimos dos años, parece que todos los promotores inmobiliarios han coincidido en construir en la zona, lo cual demuestra que nuestra ciudad resulta indudablemente atractiva. En efecto, el municipio dispone de una amplia oferta de servicios situada en un área muy reconocible a lo largo de la Avenida Miguel Hernández; asimismo, el centro urbano es sugerente y cuenta con una variada oferta de restaurantes, cafeterías, pequeños y medianos establecimientos comerciales, así como servicios personales, sanitarios, deportivos y administrativos. La gente conversa y convive en la calle, convertida en el ágora moderna.

La intensa actividad constructora está vinculada, principalmente, a la planificación urbanística desarrollada entre 1997 y 2007. Durante esos años se impulsaron los proyectos urbanos que culminan ahora con la edificación de los nuevos inmuebles.

Entre las diferentes actuaciones (de las que daremos cuenta en futuras crónicas), el antiguo Parque Ansaldo, hoy denominado La Alquería, constituye el principal factor de desarrollo del municipio, no solo por representar la mayor operación urbana en la historia de Sant Joan —que implicó la demolición de un barrio de 612 viviendas—, sino también porque se reformaron y ampliaron los espacios públicos bajo criterios de centralidad y proximidad. Además, se incrementaron las superficies destinadas a centros escolares, como el IES reconstruido que está próximo a su reapertura, previendo que, en pocos años, se requerirán nuevas instalaciones para atender la demanda de preescolar, infantil y primaria. Del mismo modo, se habilitó un espacio cultural en la histórica casa-torre Ansaldo, restaurada durante el periodo de coincidencia de mandatos socialistas en el Ayuntamiento y la Generalitat entre 2019 y 2023.

El enclave de Parque Ansaldo se había degradado, de forma progresiva, hasta convertirse en un suburbio de anticiudad, carente de posibilidades de integración social o actividad ciudadana. No obstante, la desaparición del gueto generaba expectativas especulativas no deseadas, dado que más de dos tercios de los derechos preexistentes (al menos 408 viviendas de las 612) eran propiedad de GESINAR SA, una sociedad inmobiliaria dependiente del BBVA, mientras que el resto pertenecía al Instituto Valenciano de Vivienda (IVVSA). Prever el futuro de la barriada era esencial; no bastaba con soñar con una ciudad idílica. Se requería poner manos a la obra. A tal fin, la gestión de la corporación municipal de aquel periodo se centró en varios frentes: A) Diseñar un nuevo espacio urbano sustitutivo del anterior, fallido y degradado. B) Derribar los inmuebles incompatibles con el nuevo concepto urbano. C) Persuadir a la entidad bancaria para que renunciara a sus pretensiones inmobiliarias, incluso tras haber afrontado los momentos más críticos de la demolición de la mayoría de los edificios. D) Convencer a la Generalitat Valenciana de la necesidad de adquirir la totalidad de los derechos existentes, asumir los costes de la reurbanización y mantener la titularidad hasta que, con el paso de los años, el estigma del barrio diera paso a la expectativa creíble de un futuro diferente.

Esta actuación urbanística resultó trascendente no solo por la transformación realizada entre 1998 y 2004, sino por el concepto de ciudad integradora que se impulsó para el nuevo barrio imaginado. Para lograrlo, se incorporaron al plan sectores de suelo urbanizable y terrenos colindantes de propiedad privada, pretendiendo así una continuidad espacial con el entorno y la convivencia entre promociones de interés público y privado. Las primeras actuaciones en el nuevo barrio fueron impulsadas por las centrales sindicales CC.OO., UGT y CSIF, que actuaron como promotoras a través de cooperativas, integradas principalmente por sus propios afiliados. Estos asumieron el riesgo de ser los pioneros en establecerse en una zona que, hasta pocos años antes, cargaba con un fuerte estigma social. Dichos residentes iniciales constituyen la verdadera esencia del barrio. Es lamentable que, hasta la fecha, ningún integrante de esta comunidad haya formado parte de la corporación municipal. ¡Ojalá esta situación cambie en el futuro!

Pronto convivirán en este barrio, junto con los primeros cooperativistas, compradores de promociones privadas, otros adquirentes de viviendas protegidas y también arrendatarios de vivienda pública. Nada de esto habría sido posible sin la determinación de una corporación municipal, liderada por un alcalde decidido y con carácter, que planificó y ejecutó un plan sin vacilaciones. Gracias a ello, se logró reconvertir un barrio falto de futuro, evitar la amenaza especulativa de bancos y fondos buitre, y poner en manos públicas los terrenos necesarios para forjar un Sant Joan con un porvenir brillante.

Finalmente: un problema pendiente y una reflexión. El primero, de naturaleza urbanística: La Alquería continúa aislada del núcleo urbano a pesar de que pronto contará con más de dos mil habitantes, cuyas necesidades de vías de comunicación exteriores se van a multiplicar en breve plazo; dichas conexiones exteriores están proyectadas, pero falta su ejecución, especialmente la prolongación del bulevar a través del sector de El Salt hasta enlazar con la continuación de la Rambla de la Libertad; también, desde el extremo norte, con la Avenida Miguel Hernández. ¡Anticipar las soluciones antes de que aparezcan los problemas es una virtud política! Y la reflexión: “La comunidad reside en su gente, no en sus piedras”. (Tucídides, S. IV a.C.) Hemos cambiado las piedras y creado nuevos espacios para la convivencia, la educación y el ocio. Pero no debemos olvidar que aquel proyecto, que fue Parque Ansaldo, que obtuvo un premio de la Comunidad Europea al “Renacimiento de la Ciudad”, fracasó, quizás, porque fue incapaz de incorporar a su comunidad de convivencia a gentes diferentes por su posición social, su cultura, su origen o su raza. Hoy, la sociedad es más diversa, más tolerante y más sabia. ¡No nos volvamos a equivocar!

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