Pascual Andrés Tévar
Cuando el pasado 12-08-2026 me puse en contacto con su hijo David, tuve conocimiento que mi amigo DANIEL TORREGROSA nos había dejado el pasado mes de abril de 2026, a los 83 camino de los 84 años. Aunque bien es verdad, que desde hace años, y especialmente desde que se jubiló en la actividad del Restaurante Raspeig, hace unos 19 años, siempre ha estado activo en otras actividades, a su manera. Y aunque, ya no tenía contacto personal habitual, pero al menos una vez al año, con motivo de reservarle la lotería de navidad de la Peña Madridista San Vicente del Raspeig, hablábamos telefónicamente, y quedábamos un rato, para tomar un café y entregarle la lotería de Navidad de la Peña Madridista San Vicente del Raspeig. Pero bien es verdad, que en los últimos años , quedaba con su hijo, para entregarle la que me decía de reservar, y hablábamos algo telefónicamente, pero el año pasado, no pude hablar personalmente, y me preocupé, pero al no comentarme nada la Familia, pensé en una situación temporal. Y todo esto, me conduce a reflexionar, y a dedicarles unas palabras, a mi manera, y EN SU MEMORIA, porque durante muchos años, y a través de mi trabajo en la asesoría, hemos cultivado una relación profesional, y sobre todo una amistad, que la recuerdo con cariño , respeto, y emoción.
A DANIEL lo conocía por el año 1976, cuando se iniciaba mi trabajo en la asesoría. Primero en ANGEL MERINO MOLTO, luego en los años 80 en GESTORIA ASESORIA MERINO, SL, como empleado, y desde el año 2000 en FUENTES ANDRES ASESORES S L como empresario y trabajador al mismo tiempo, junto a mi compañero de aventura y amigo del alma JAVIER Y claro está primero como cliente, y después como, paso a paso, con las vicisitudes de la vida como amigo. Y siempre, el recuerdo, amigo antes, y después empresario, con su rincón profesional, que era el RESTAURANTE RASPEIG, en la singular y hermosa y abierta Urbanización Raspeig en la playa Muchavista de El Campello. En consecuencia nuestra amistad nació, y se consolidó, paso a paso durante más de 50 años.
A lo largo de más de más de 32 años, hemos tenido una intensa relación profesional , y una buena e intensa amistad personal. Y la relación profesional, se mezclaba con la amistad personal, hasta el punto, que muchas veces, no era capaz de saber dónde estaba el límite. Porque, cuando tenía un problema laboral, en el restaurante, lo mismo me llamaba a las 10 de la mañana, que a las 22 horas. Y los mismo daba que fuera en horario laboral de lunes a viernes, que un sábado o un domingo, a la hora más inesperada, él sabía cómo contactar, con el fijo, en sus tiempos, y con el fijo y el móvil en los tiempos adecuados.
Recuerdo, con cariño, una anécdota, allá por finales de los 70, al poco tiempo de estar casado, que fui con Carmen, a cenar al restaurante, y luego teníamos previsto, ir a la sala de fiestas Gallo Rojo de El Campello, Y me percato, que no tenía dinero suficiente para sacar las entradas. Y, como pensaba, que Daniel, era un buen amigo, le pedí un préstamo. Y con una sonrisa abierta, me dio el dinero, eso sí, sabía que tenía que devolverlo, porque para DANIEL la amistad era sagrada, pero el empresario también.
Con el paso de los años, por motivo de mi trabajo, y sobre todo, en los largos y hermosos veranos, tuve el privilegio, de visitarle, sobre todo por las tardes, y pasar buenos ratos de trabajo, de charlas, y de alguna cosilla controlada, Y he tenido también, los buenos ratos, cuando iba con la familia, la mía , y con mi hermana y mis padres, y nuestros hijos/as, a comer en el restaurante, y pasar una buena tarde , sin importar la época del año.
A lo largo de tantos años de relación profesional y de amistad, hay un innumerable número de anécdotas, y siempre recordaré, que cuando me llamaba al fijo de casa, Carmen, la compañera de mi vida, me decía, de una forma especial, que me ponía en guardia, “nene, Daniel al aparato”. En ese momento, era consciente, que el tiempo se paraba, y la conversación intensa e interminable, podía durar unos minutos, o interminable, y por supuesto, todos los planes, se quedaban paralizados. Y cuando llamaba al despacho, y la compañera de trabajo Isabel, me decía: “Pascual, Daniel al aparato”, en ese momento, se paralizaba mi trabajo, y tenía que tratar, por todos los medios, que el tiempo fuera el menor posible, pero era muy difícil conseguirlo. Por lo menos se desahogaba, aunque el problema, la mayoría de las veces, tenía que estudiarlo, y darle solución, con calma, posteriormente. Pero, sólo ser capaz de tener paciencia, que nadie entendía de donde sacaba serenidad, para aguantar tantos minutos al teléfono, y casi sin hablar. Pero, DANIEL, era así, y había que entenderlo, porque luego, su corazón y su honestidad, eran un libro abierto. Es decir, un hombre de palabra, honesto en sus sentimientos, y en la forma de expresarlos, en definitiva, un buen amigo.
Como dice la canción “Cuando un amigo se va no lo sustituye la llegada de otro amigo”. Al final eres consciente, que la vida, se construye de historias como esta, y que forman parte de tu vida, y te hacen sentir que ha merecido la pena el camino vivido, y compartido con amigos como DANIEL. Y todo eso, que tanto hemos disfrutado juntos, sentados, frente mar, charlando, con una fresca cerveza, y otras cositas sabrosas, y, tranquilamente, inúndanos por el impulso de nuestra increíble luz mediterránea.