
Hay cariños que no entienden de distancias ni de tiempos.
Rafael Altamira nunca olvidó El Campello, su terreta, y quienes sentimos este pueblo como algo nuestro no podemos olvidar el amor entrañable que él le profesó.
Para mi, como Campellera, es un orgullo y un privilegio ser amiga de su familia, y un motivo de honda gratitud que eligiera está tierra nuestra para su reposo eterno, regresando así, de algún modo, a sus raíces.
Ante el lugar donde descansa junto a sus seres queridos, mi recuerdo es también una muestra de afecto respeto, y reconocimiento hacía quien supo llevar el nombre de El Campello allá donde la vida lo condujo.
<Que nunca se marchite la memoria de quienes tanto amaron está tierra>